Shani Boianjiu: "La guerra es natural. Todos participamos en alguna"

  • ¿Qué se siente al ser una recluta de 18 años en el Ejército israelí? La respuesta, en forma de novela, es ya un “best-seller” en 23 países. Y acaba de llegar a España.

Al terminar el instituto, Shani Boianjiu (Jerusalén, 1987) cumplió con su servicio militar, obligatorio en Israel para ambos sexos. Después, se marchó a la Universidad de Harvard y, mientras se readaptaba a la vida civil, se licenció en Filología Inglesa y escribió, casi sin querer, una novela. “La gente como nosotros no tiene miedo” (que edita Alfaguara en España el 4 de septiembre) es la historia de Yael, Avishag y Lea, tres amigas que toman por turno la palabra para desnudar sus almas antes, durante y después de su paso por el Ejército.

El público y la crítica de 23 países se han rendido ya a estas voces juveniles y angustiadas, que se enfrentan a los ritos de paso de la madurez y al lado oscuro del ser humano. “Ellas no son yo”, asegura Shani, aunque muchos lectores han asumido que es así y la escritora, de 26 años, ha sido tildada de enemiga de Israel y de portavoz de sus Fuerzas Armadas con la misma inquina. En otoño, la novela se publicará en hebreo (ella la escribió en inglés) y descubriremos qué piensan en realidad sus compatriotas de esta historia escrita desde el corazón del Ejército israelí.

Mujer hoy. ¿Cuáles eran sus sentimientos cuando le llegó la orden de reclutamiento?
Shani Boinanjiu.
Pasé el verano anterior en una fábrica, haciendo un trabajo aburridísimo, así que solo quería empezar ya el servicio militar para terminarlo cuanto antes. Creo que no medité lo suficiente, o no de la forma adecuada, sobre lo que supondría para mi vida. Creía que no viviría en paz conmigo misma si esquivaba de alguna forma la “mili”.

P. ¿Consideró acaso la objeción de conciencia u otro medio para evitar el reclutamiento?
R.
Creo que los que eluden el servicio militar porque no les resulta conveniente son unas personas horribles. En cuanto a los objetores, espero que, a cambio, trabajen en hospitales y colegios. Y más les vale pasar cada segundo de sus vidas siendo políticamente activos para intentar cambiar las condiciones sociales que les llevaron a evitar el servicio. Si no, habrán hecho que otra persona vaya a la guerra en su lugar para nada.

P. ¿Recuerda esa etapa con cariño, rencor...?
R.
Tengo la sensación de que atesoré muchas anécdotas y que siempre las estoy contando. Mis amigos israelíes en Harvard, que habían hecho la “mili” en oficinas, siempre me estaban diciendo que me callara, así que lo hice. Y no podía hablar de ello con los no israelíes, suponía dar demasiadas explicaciones. Recuerdo mi paso por las IDF (Israel Defense Forces, Fuerzas Armadas Israelíes) como una época con muchas risas, pero no me divertí nada. Contaba los días y las horas que me quedaban para terminar.

P. Pero en su libro sí hay pasajes muy divertidos, como los tres manifestantes que suplican a los soldados que contengan su “manifestación” para salir en el periódico.
R.
Ese pasaje está basado en un hecho real, sí. Me reí, y recuerdo momentos muy divertidos, pero solo ahora, cuando miro hacia atrás. En su momento, odiaba estar allí.

P. En su novela se describen muchas situaciones políticas, pero su punto de vista político no queda precisamente claro.
R.
Es demasiado complicado. No podría contarlo en menos de 5.000 palabras. Creo que todo es político en algún sentido. Ser mujer, hoy en día, es algo político.

P. He leído que se inspiró en “Las cosas que llevaban”, de Tim O’Brien. ¿En qué sentido?
R.
Me confirmó algo que ya sabía: que una historia bélica contada de manera realista nunca podrá describir la guerra de forma realista. Porque, en muchos sentidos, un conflicto bélico es algo surrealista.

P. El autor de ese libro asegura que “una verdadera historia bélica nunca es moralista”. ¿Qué opina usted sobre la guerra?
R.
Creo que es natural que exista y que no terminará en el trascurso de mi vida o de la de mis hijos. Tampoco creo que exista la opción de no tomar parte en esas guerras. Cualquier persona que dice que no participa en un conflicto bélico solo dice que prefiere que lo hagan otras personas en su lugar; probablemente gente menos afortunada. Dicho esto, no creo que la guerra sea buena.

P. ¿Los lectores de otros países entenderán las viviencias de tres chicas israelíes en las IDF?
R.
No sé si un israelí puede entender mejor que un español a estos personajes. Son mis creaciones, no símbolos para mis compatriotas. Muchos han entendido qué quería hacer con mi libro. De hecho, lo han entendido sobre todo lectores ajenos al mundo anglosajón, y a EE.UU. en particular.

P. Las tres chicas protagonistas lidian con muchos sentimientos, pero el aburrimiento y la angustia predominan. ¿Es por su edad?
R.
¡No, es porque pasan dos años haciendo las cosas más aburridas que puedas imaginar! Cualquiera se sentiría así. De hecho, no creo que nadie mayor de 40 años sobreviviera.

P. Ellas crecen en una aldea de colonos. Usted también procede de un pequeño pueblo.
R.
Sí, pero Kfar Vradim no es el pueblo que se describe en el libro. Es más grande y está mejor establecido. Crecí muy cerca de la frontera con el Líbano. Había muchos misiles y muy poco transporte público; solo un autobús, una vez al día, muy temprano. Los fines de semana salíamos por la noche, hasta muy tarde, y pasábamos el rato en el parque. La vida juvenil allí es vibrante, aunque no tenemos bares, ni un centro comercial ni nada por el estilo.

P. ¿Cree que el servicio militar es una experiencia diferente para las mujeres?
R.
Claro. Solo hacemos dos años y no vamos tanto al frente. Y, además, somos mujeres, lo que cambia cualquier situación en la que se pueda encontrar una persona.

P. Suecia se planteó establecer un servicio militar obligatorio para las mujeres, alegando razones de igualdad. ¿Considera que Israel es un país igualitario?
R.
Solo hablo desde mi experiencia, pero, cuando estoy en EE.UU., Gran Bretaña u otro país, siento un tipo de sexismo que en Israel se percibe en un grado mucho menor. Pero también existe, claro.

P. Se extiende mucho también en el relato de la amistad entre las chicas, con sus luchas de poder y sus rencillas.
R.
Sí, creo que la amistad de otras mujeres es la mejor, aunque yo no tengo ninguna amiga verdadera.

P. Estamos muy acostumbrados a ver a israelíes y palestinos como bandos irreconciliables. En su novela no aparece este antagonismo. Y, en cambio, en una columna que publicó en The New York Times, dice cuánto la sorprenden los judíos ultraortodoxos.
R.
No es que me sorprendan, es solo que no estoy familiarizada en absoluto con su estilo de vida. Creo que están bien, siempre que no intenten imponer su estilo de vida a otras personas, algo que en Israel hacen a menudo, prohibiendo en Sabbat los transportes públicos y las tiendas abiertas, y hasta escupiendo a las chicas porque no visten de forma suficientemente modesta, o convenciendo a las mujeres para que se sienten en la parte trasera de los autobuses. Una vez, en Jerusalén, una mujer se me acercó y me dio a entender que, como yo era judía y llevaba una camiseta de tirantes en pleno verano israelí, nos sobrevendrían terremotos, guerras y enfermedades, lo que no creo que sea científicamente posible. También creo que es indignante que se permita a los ortodoxos no cumplir con el servicio militar. Y que muchos vivan de subvenciones públicas, sin haber intentado siquiera conseguir un trabajo.

P. ¿Habría tenido tanta repercusión su libro si lo hubiera escrito en hebreo?
R.
Probablemente no. Pero, en cualquier caso, no creí que se fuera a publicar nunca, así que no lo escribí en inglés como parte de un plan brillante. Lo hice porque en aquella época vivía en EE.UU y ni siquiera me di cuenta de lo que estaba haciendo. De hecho, no supe que estaba escribiendo un libro hasta que lo tuve terminado.

P. Creo que lo pasó mal en Harvard. Era dos años mayor que sus compañeros, había estado en una guerra...
R.
Sí. No disfruté mi experiencia universitaria.

P. ¿Qué le impactó más?
R.
Que gente que sabía tan poco se sintiera con derecho a tener tantas opiniones.

P. ¿Ha sufrido por los prejuicios políticos de otras personas respecto a usted?
R.
¡No he sufrido! Algunas personas tienen posturas radicales sobre este conflico, no entienden lo que es la literatura, y son tan estrechos de miras y tan arrogantes que escriben textos que tratan sobre sus ideas y en absoluto sobre mi novela. Aun así, me encanta leer esos textos. Son divertidos.

P. ¿Cómo ha afectado el éxito a su vida?
R.
Ahora puedo viajar a eventos, hago lecturas de mi novela y hasta publico artículos. Y puedo escribir a tiempo completo, sin necesitar otro trabajo. Aunque el año pasado escribí un juego de realidad alternativa.

P. ¿Volvería al Ejército ahora, si la llamaran?
R.
Sí, si estuviera en Israel y me llamaran, cumpliría con mi deber de reservista. Lo he hecho en otras ocasiones. 


Jenny cogió su fusil

Israel es el único país que cuenta con un servicio militar obligatorio para hombres y mujeres. En 2015, Noruega establecerá también una “mili” universal.

  • Las mujeres son el 33% de los soldados de las IDF, y el 51% de los oficiales. 
  • Sirven en el Ejército desde la fundación del país, en 1948, aunque en aquella época había cuerpos específicos para mujeres, llamados Chen. Se disolvieron en 2000, cuando la Enmienda de Igualdad del Servicio Militar estableció que tenían derecho a servir en cualquier puesto militar. ● Se calcula que hay un 8% de puestos que, incluso hoy, les están vetados.
  • Aun así, hay diferencias entre hombres y mujeres. Ellas solo permanecen 24 meses en las IDF, frente a los 36 de ellos. Además, las reclutas no suelen ir a misiones de combate. 
  • Las mujeres componen solo el 3% de las fuerzas de combate, aunque hay un batallón, el Caracal, con un 70% de mujeres. 
  • Pueden quedar exentas del servicio por razones religiosas, matrimonio, embarazo o maternidad. Tampoco se suele llamar a las reservistas que están casadas o tienen más de 24 años. El 65% de las jóvenes israelíes cumple con su servicio militar. 
  • La presencia femenina en las IDF ocasiona problemas con los cadetes religiosos. En 2011, por ejemplo, nueve soldados abandonaron un acto militar porque actuaba un grupo con miembros femeninos. Los judíos ortodoxos tienen prohibido escuchar cantar a las mujeres.

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