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Kathrine Switzer: la pionera de running

Cristina Mitre, impulsora del movimiento Mujeres que corren, acompaña a Kathrine Switzer en su regreso a la maratón de Boston, 50 años después. Una entrevista en zapatillas con la primera maratoniana.

Switzer creó la Fundación 261 (numero de su mítico dorsal) para empoderar a las mujeres a través del running.
Switzer creó la Fundación 261 (numero de su mítico dorsal) para empoderar a las mujeres a través del running. Cordon

MAdrid

Esta es la historia de una mujer que cambió el curso de la historia a golpe de zapatilla. "¡Dame ese dorsal y sal de mi carrera!", bramaba Jock Semple, director de la maratón de Boston, aquella fría mañana del 19 de abril de 1967. El objeto de su ira, la mujer sobre la que se abalanzaba, era Kathrine Switzer, una estudiante de Periodismo de la Universidad de Siracusa (Nueva York) de 20 años, que tomaba la salida de la prueba con un dorsal, el número 261, prendido en su chándal gris.

En esa época, las mujeres tenían prohibido participar en la maratón más antigua de Estados Unidos (la primera edición se celebró en 1897), porque existía la creencia de que se les podía desprender el útero y, además, era una actividad "poco femenina".

El año anterior, la corredora Roberta Bobbi Gibb ya se había atrevido a desafiar al establishment y, agazapada tras un seto, logró unirse al resto de corredores llegando a meta. Switzer se inscribió en la prueba al año siguiente, pero lo hizo utilizando sus iniciales, K. V. Switzer, en lugar de su nombre completo. Tenía su propio dorsal así que podía correr, pero ¿qué pasaría si alguien descubría su engaño?

Switzer, en la maratón de 1967, recibe el empujón del director de la prueba y es defendida por su novio y su entrenador.
Switzer, en la maratón de 1967, recibe el empujón del director de la prueba y es defendida por su novio y su entrenador. Getty'

Otro pistoletazo de salida

17 de abril de 2017. Nos subimos a uno de los míticos autobuses escolares amarillos que nos llevará hasta la salida de la 121 edición de la maratón de Boston. Son las siete y media de la mañana y hace calor. En un par de horas, el sol caerá a plomo. Tras el atentando de 2013, en el que murieron tres personas y hubo más de 100 heridos, la seguridad es máxima. Todo el circuito está vallado (y vigilado por el ejército) y se habilita, incluso, un carril especial para que los cientos de autobuses, escoltados por la policía, lleguen a la salida sin contratiempos. Todo está perfectamente organizado y sincronizado. Nada se deja al azar.

En 1967, Switzer se inscribió en la prueba con nombre masculino. "Tenía que llegar a meta aunque fuera a gatas".

Policía, militares y miles de voluntarios dirigen a los casi 30.000 corredores hacia la salida de la maratón, situada en el pueblo de Hopkinton. Las calles del centro de Boston también quedan cortadas al tráfico, incluso se han colocado máquinas quitanieves en las calles aledañas a la meta, en Boylston Street: imposible no recordar los recientes atentados con conductores suicidas. A la salida, solo podemos llevar una bolsa pequeña de plástico transparente con el clásico avituallamiento runner: geles, barritas energéticas, sales, un plátano, unos pañuelos de papel...

Han pasado 50 años desde aquel incidente que pasó a la historia gracias a una icónica imagen en blanco y negro, elegida por Time Life como una de las 100 fotos que cambiaron el mundo. En la instantánea se ve cómo una jovencísima Kathrine Switzer es interceptada o, más bien, atacada por Jock Semple, el director de la prueba. Switzer va escoltada por su entrenador y su novio de aquel entonces. Este último, jugador de futbol americano, hace un placaje en toda regla a Semple, quien da un traspiés y pierde el equilibro. Suenan los flashes de los fotógrafos. Kathrine está asustada, intenta controlar los nervios. Continúa corriendo. Como ella misma recuerda, "tenía que terminar aquella carrera aunque fuese a gatas". Finalmente, llega a meta en cuatro horas y veinte minutos. Pero la verdadera maratón (de su vida) empezará entonces.

Hoy, 50 años más tarde, soy testigo directo de la photo finish de su carrera vital. A sus 70 años, Switzer llega a la salida de la maratón de Boston escoltada por 100 mujeres y siete hombres, que se han comprometido a recaudar fondos para su fundación sin ánimo de lucro 261 (261fearless.org), que utiliza el running como vehículo para empoderar a la mujeres a través de la organización de clubes locales de corredoras, eventos, etc"Quería que hubiese hombres en el grupo, porque fueron compañeros quienes estuvieron conmigo a la salida de la maratón de Boston hace 50, los que me ayudaron y defendieron. Este deporte no entiende de cuestiones de género. No es violento, no es de hombres contra mujeres, no estamos compitiendo los unos contra los otros. Creo que el running es un gran modelo para la armonía social", me cuenta Switzer.

La corredora, en la maratón celebrada hace unos días en Boston, medio siglo después de aquella legendaria carrera.
La corredora, en la maratón celebrada hace unos días en Boston, medio siglo después de aquella legendaria carrera. Cordon'

El regreso de la corredora 261

Para el gran día, viste pantalones cortos, lleva el pelo semirrecogido en una coleta y se cubre del sol inclemente con visera y gafas de sol. En su camiseta va prendido con imperdibles su dorsal, el 261, el mismo que Semple intentó arrebatarle hace medio siglo y que, a partir de hoy, ningún otro corredor podrá lucir en la maratón de Boston. Un honor que, hasta ahora, solo se había concedido a un corredor, John A. Kelley, quien completó 61 veces esta mítica prueba. Para Switzer esta será su trigésima novena maratón. Su legado es inmenso.

"Corro de nuevo esta maratón por gratitud. Tengo mucha suerte de poder intentarlo. Hay muchas mujeres que tienen 70, 80 o 90 años y que pueden hacer 42 km, pero soy la única que puede correr en Boston 50 años más tarde de haber participado por primera vez. Es un homenaje al camino recorrido, a este maratón y a las calles que me inspiraron", confiesa emocionada.

La corredora, en la maratón celebrada hace unos días en Boston, medio siglo después de aquella legendaria carrera.
La corredora, en la maratón celebrada hace unos días en Boston, medio siglo después de aquella legendaria carrera. Cordon'

La maratón de Boston se celebra, desde 1969, el tercer lunes del mes de abril coincidiendo con Patriots" day (día de los patriotas), así que el fin de semana previo a la carrera, el espíritu runner inunda la ciudad. La agenda de Kathrine estos días es frenética, la antítesis de lo que marca un buen plan de entrenamiento. Firmas de libros, selfies con sus cientos de seguidoras, eventos con patrocinadores... todo sin perder un ápice de energía y con la mejor de la sonrisas. Es incombustible. "Lo cierto es que estoy muy cansada -me cuenta-, porque lanzar la fundación no ha sido fácil. Pero el entrenamiento ha sido maravilloso, durante una hora o dos he podido aislarme de todo: sin teléfono, entrevistas, ni gente. Entras en contacto con la naturaleza y todo el estrés se va".

Que el maratón femenino fuera olímpico era el equivalente al derecho al voto"

Kathrine SwitzerDeportista

Al cruzar el arco de meta en 1967, Kathrine se fijó una misión: "Sabía que podía ser mejor atleta y, además, quería crear oportunidades para otras mujeres", recuerda. En 1975, consigue su mejor marca personal (2:51:37) en la maratón de Boston y en 1974 gana la de Nueva York. Primer objetivo cumplido. El segundo le llevará más tiempo. "Lograr que el maratón femenino fuese olímpico era muy importante, porque todo el mundo se daría cuenta de que las mujeres podíamos hacer todo lo que nos propusiésemos. Era el equivalente físico a darle a la mujer el derecho al voto".

"Cuando era joven fui al ginecólogo y le conté que corría. Me dijo que era muy peligroso y que iba a ser un problema cuando quisiera tener hijos. Sabía que aquello era una sandez. Me parecía ridículo, pero todavía hoy en muchos países existe la creencia de que la actividad física intensa para las mujeres es contraproducente".

Kathrine Switzer en su llegada a la meta
Kathrine Switzer en su llegada a la meta

Carrera de obstáculos

Hasta 1972, las mujeres no pudieron correr de manera oficial la maratón de Boston. Nina Kuscik fue la primera en coronar la mítica meta en tres horas y diez minutos. Pero con respecto a la ansiada meta de llevar la maratón femenina a los Juegos Olímpicos, hubo que sortear innumerables obstáculos. No fue fácil. Y Switzer fue una de las activistas más notorias durante el proceso. Junto a la firma de cosméticos Avon, por ejemplo, organizó 400 carreras femeninas en 27 países diferentes y consiguió, además, que la comunidad médica certificase que las mujeres podían correr sin poner en riesgo su salud. Parace mentira que fuera necesario. Pero toda la campaña, desembocó finalmente en la inclusión de la prueba en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1984, en la que consiguió la medalla de oro la atleta americana Joan Benoit.

Hay muchas mujeres de 70, 80 y 90 años que pueden correr 42 km. Mi caso no es excepcional"

Kathrine SwitzerDeportista

Benoit reconoce la enorme deuda que existe con mujeres como Switzer: "Soy parte de una segunda generación. No estoy en la liga de las pioneras del running, ellas son mis predecesoras -asegura-. Fueron parte del proceso del cambio histórico. Tenían agallas, talento y, sobre todo, la pasión por perseguir el deporte que amaban", explica en el libro First Ladies of Running (Las primeras damas del Running), de Amby Burfoot.

Hoy, bajo el arco de salida de la maratón de Boston, Kathrine no se encuentra sola, porque 13.698 corredoras cruzarán como ella la meta (14.438 hombres harán lo propio). De hecho, el 58% de los corredores en Estados Unidos son ahora mujeres. Unas cifras que distan mucho de la realidad española. Por ejemplo, en la pasada edición de la Rock "N" Roll Madrid Maratón, 1.258 mujeres llegaron a meta frente a 9.210 hombres.

Quizá el ejemplo de Switzer nos sirva como inspiración, porque como escribe en el prólogo de mi libro Correr es vivir a tope de power: "Solo corre. Lento o rápido, no importa. Si lo haces, aquí tienes una promesa: correr te dará casi todo... sobre todo a ti misma". 

Kathrine Switzer y Cristina Mitre.
Kathrine Switzer y Cristina Mitre. Cordon'

Una meta común

Cristina Mitre es periodista, conferenciante y autora de Mujeres que corren: todo lo que necesitas saber sobre el running y Correr es vivir a tope de power. En 2009, se calzó unas zapatillas y decidió que no había más límite que el que una misma quiera ponerse. Para este reportaje viajó a Bostón y fue una de las más de 13.000 mujeres que corrieron junto a Switzer, 50 años después de que ella lo hiciera como la única inscrita en la carrera. Hoy, la acompañan en sus aventuras miles de mujeres que corren. Puedes seguirla en Thebeautymail.


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