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Mi hijo no quiere estudiar. ¿Qué puedo hacer?

Es importante conocer el motivo de su abandono y sobre todo, tener mucha paciencia.

Una joven apoyando su cabeza sobre varios cuadernos.
Una joven apoyando su cabeza sobre varios cuadernos. getty

Cuando los niños salen al mundo tienen interés por todo, por conocer cómo sucede aquello que les rodea, cómo crecen las plantas, cómo se reproducen los animales o qué es lo que pone en los carteles del supermercado entre tantas letras. Están ávidos de saber y van al colegio ilusionados, con ganas de aprender. Sin embargo, pasan los años y llega un momento en el que, habitualmente coincidiendo con el paso de primaria a secundaria o al final de la primaria, los estudiantes pierden por completo el interés.

¿Se puede hacer algo para que sigan estudiando? ¿Es posible que regrese la motivación? Para empezar, la paciencia ha de ser la primera aliada para los padres. Normalmente tiene que ver con la llegada de la adolescencia cuando aumenta la impulsividad, establece nuevas relaciones con sus iguales y los amigos pasan a ser el centro de su vida, a lo que se suma que desciende el umbral del goce, es decir hay más desinterés por aquello que antes les interesaba y nuevos intereses por todo lo que es nuevo y excitante, incluso, a veces, peligroso.

En toda esa desmotivación puede que exista algún motivo concreto. Si es así, escuchar es lo principal para detectar qué es lo que le sucede y abordar el problema directamente. También se puede solicitar asesoramiento profesional para encontrar soluciones en familia.

Hablar y escuchar

Con doce año los niños ven muy lejos su edad adulta, sin embargo, su recorrido durante la secundaria puede cerrarles algunas puertas por lo que es muy importante hablar sobre su futuro, sobre su plan de vida. En este sentido, casi más importante es escuchar y hacer las preguntas adecuadas para que sirvan de reflexión al niño.

Ayudarle a él a encontrar su vocación y que descubra lo que le gusta es lo mejor que puedes hacer para que se motive. En el momento en que sepa cuál es su objetivo, podrá establecer un plan de vida y podrá descubrir cuál es el recorrido que tiene que hacer para alcanzarlo. Así, sabrá cuáles son los riesgos que puede asumir realmente.

También se le puede preguntar al niño cómo se imagina en el futuro. Seguro que serán explicaciones positivas y es posible que poco concretas en su consecución. Es decir, se verá con una casa, un coche y suficiente dinero para hacer la vida que imagina, sin embargo, no explicará cómo ha conseguido ninguna de esas cosas.

Para que tome contacto con la realidad, es interesante presentar ejemplos de personas conocidas y su recorrido vital. Desde esa perspectiva podrá darse cuenta de qué es lo que necesita para conseguir esa vida en la que se imagina.

Ninguno de estos planteamientos son garantía de que el niño vuelva a estudia pero mantener conversaciones de este tipo periódicamente puede ir dejando un poso que dé lugar a reflexiones más frecuentes y permita que el niño, desde una perspectiva más madura, responsable y desde la consciencia, retome los estudios.


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