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Fotos de currículum

Parece que todos tienen unos veranos interminables, pero sus vacaciones no tienen más días, sí más fotos.

Ilustración para 'Fotos de currículum'
Ilustración para 'Fotos de currículum' Lucía Taboada

Te invito a hacer un ejercicio de reflexión: ¿cuántas veces después de comprobar Facebook o Instagram durante este verano has sentido rabia, frustración, envidia o has pensado que tenías que empezar urgentemente una operación bikini acelerada en pleno mes de agosto?

El monstruo verde de los celos se asoma por debajo de tu cama vistiendo una camiseta con la cara de Mark Zuckerberg. El monstruo de comparar tu rutina con las ajenas, incluso con rutinas de personas desconocidas, para mayor regocijo. Tu pantalla se ilumina con playas de azules inverosímiles, hábitos excesivamente saludables, saltos olímpicos sobre dunas, imágenes buceando con delfines en playas de Honolulu mientras tú escapas erráticamente de una medusa en un arenal del Levante o de las fiestas de la patrona de tu pueblo.

Cientos de estudios de prestigiosas universidades subrayan lo que es obvio, que un alto porcentaje del resentimiento que tenemos hacia conocidos o amigos provienen de las redes sociales y lo ahí expuesto. Especialmente en verano. No fuimos conscientes de lo cortas que son nuestras vacaciones hasta que llegamos a internet. Aunque con el tiempo terminamos descubriendo el secreto de ese amigo que ha subido 80 fotos de Creta y 40 de Ibiza mientras tú trabajabas. Sencillamente, sus vacaciones no tienen más días, pero sí más fotos.

En algún momento de su historia, internet se convirtió en un aspersor de aparente perfección. Un mito que se alimenta del verano, como Sloth de los Goonies. Y nos obsesiona captar esa excelencia, porque si no se capta no se produce. Así que plagamos nuestro Instagram de atardeceres idílicos, de encuadres y de pies retratados con filtros. Y no nos detenemos en esos pequeños detalles que a la postre nos gustaría rememorar.

Mis fotos de los veranos noventeros hechas con una cámara desechable de Kodak eran técnicamente peores, pero probablemente las que elegiría para adornar mi nevera. Con las de Instagram, sin embargo, adornaría mi currículum.