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Del blurring al abueling

esta reciente costumbre de nombrar todos los problemas vitales, terrenales o incorpóreos, con un nombre anglosajón se ha denominado como "efecto blurring"...

Para imperfectas
Para imperfectas Lucía Toboada (guión) y raquel córcoles (ilustraciones)

En esta reciente costumbre de nombrar todos los problemas vitales, terrenales o incorpóreos, con un nombre anglosajón se ha denominado como 'efecto blurring' (algo así como desenfocado o desdibujado) a la falta de separación entre el ámbito laboral y el personal producida por la tecnología. Vamos, el 'contesto un correo electrónico un domingo porque mañana se me amontona el trabajo', o el 'si yo quiero dejar el móvil mientras cenamos, pero es que soy la única que lleva esta cuenta'.

En Francia se ha regulado por ley el derecho a desconectar, pero en España dedicar horas al trabajo fuera del horario laboral es lo normal. Hay gente que lleva consigo dos o tres móviles, cual familia numerosa. Hay personas cuyo plan dominical es 'sofá, mantita y Outlook'.

El efecto blurring se suma al hecho de que ya de por sí la conciliación en España es exigua. Si no eres madre, se presupone erróneamente que no dispones de vida personal. Si eres madre, pasas más tiempo con Peppa Pig que con tus hijos. Entras en una rueda vital que gira y marea. Tú, nosotras, seguimos siendo las grandes damnificadas: el 31% de las mujeres se acogen a la reducción de jornada frente al 6% de los hombres, para hacer frente a todos esos concilianing, blurring o abueling (esto es, depender de la disponibilidad de los abuelos día sí, día también).

Quedamos expuestas porque ya no solo es la sombra de la baja laboral, es la de la reducción de jornada; es sentir que tu promoción puede verse interrumpida. La OIT constata que la brecha salarial aumenta entre los 30 y 40 años, es decir, las edades en las que tenemos hijos. Así que sí, todavía hay techos de cemento y móviles vibrando en horas de descanso que romper en este 2018.


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