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Convivir con un tacaño

Quien no quiere gastar su dinero, también suele controlar su afecto hacia los demás, porque de esta manera se siente mucho más fuerte.

Convivir con un tacaño.
Convivir con un tacaño. adobe stock

El tacaño es ese que nunca paga, que se aprovecha de la generosidad del otro. Se le reconoce enseguida por su particular relación con el dinero. Quienes le rodean acaban padeciendo, en una u otra medida, los excesos de su pasión irracional por el dinero.

Elvira reflexionaba sobre su relación de pareja y no entendía cómo había llegado a estar con Jorge. Acababan de tener una discusión por las vacaciones: a él le parecía un derroche invitar a una amiga de su hija. Cuando empezaron a salir, Jorge parecía un ahorrador. Pero no, en realidad se trataba de un tacaño, un rasgo que contaminaba toda su personalidad.

Acumular por acumular

La discusión por las vacaciones había agotado la paciencia de Elvira. Le parecía el colmo que a su marido le doliera lo que podía gastar en comer una niña de 11 años. Le importaba más eso que el hecho de que su hija pasara unas vacaciones inolvidables. Solo mostraba amor por el dinero. Esa forma tan poco afectiva de relacionarse con ella, cada vez más frío, la había llevado al límite. Su racanería estaba llegando demasiado lejos. Si seguía así, ella no sabría si podría seguir con su relación.

El tacaño no suele serlo solo con su dinero, también lo es con sus emociones, con el afecto hacia los demás. No quiere gastar su energía vital, ni invertirla en hacer felices a los otros. Guarda para sí todo lo que puede. No se trata de una persona prudente en relación al gasto, es alguien atrapado en una cárcel interior. Casi nunca lleva efectivo y no es afectivo. Su relación con el otro está regida por la idea de que tiene que retener lo suyo, pues se siente mal si lo comparte. Solo piensa en acumular y nunca tiene bastante. Cuando en el manejo del dinero aparecen síntomas como la tacañería, estamos en el ámbito de lo irracional.

¿De donde viene la relación que tenemos con el dinero? ¿Y la retención desmedida que el tacaño hace de él? Desde el psicoanálisis, Freud propuso una explicación. Para llegar a dominar su cuerpo y formar su psiquismo, el niño atraviesa tres fases fundamentales: oral, anal y genital. La racanería se trataría de una fijación a la fase anal. Entre los dos y los tres años, el niño debe aprender a controlar sus esfínteres. Partiendo de la situación de narcisismo infantil, las heces tienen para el niño un altísimo valor, difícil de reconocer por el adulto, que ya ha hecho una serie de transformaciones y sublimaciones que le han llevado a sustituir el contenido del interior de su cuerpo en un objeto valioso externo a él como el dinero.

Qué nos pasa:

  • Si te sientes desvalorizada porque tu pareja critica cómo manejas el dinero, deslizando que lo gastas innecesariamente, es posible que con su crítica esté ocultado una rivalidad hacia ti. El hecho de rivalizar contigo puede provenir de que envidia la forma que tienes de disfrutar de la vida, más amplia que la suya.
  • Si te sometes a que tu pareja, que es un tacaño, controle tu dinero, es que probablemente no te valores lo suficiente. Quizá padeces inconscientemente de una crítica interna que rebaja tu autoestima.

Miedo a la fragilidad

Hay manifestaciones de los padres que señalan el alto valor que tiene la caca del niño. Algunos aplauden a su pequeño y le felicitan efusivamente cuando ha conseguido hacer sus necesidades en su sitio. Cuando se ha sido muy rígido con el niño en la educación para el control de los esfínteres, este puede intentar un desafío consistente en retener. No da eso que sale de su cuerpo y supone que de esa manera vence y se hace más fuerte. Más adelante gozará intentando retener todo lo que tiene que ver con él mismo. Si lo da, se fragiliza. Por eso evita gastar, porque se siente más fuerte si lo guarda para sí.

Así pues, el dinero, que se presenta desde el exterior como algo de valor, proviene de una serie de sustituciones de los primitivos contenidos anales. Esta relación la muestra el lenguaje popular con frases como "la gallina de los huevos de oro", "apesta a dinero", "limpiar o blanquear dinero".

Antes de aceptar la convivencia con un tacaño, es necesario negociar cómo se va a manejar el dinero. Cuando los dos miembros de la pareja trabajan, la situación es más llevadera. Pero en cualquier caso, conviene establecer acuerdos para evitar la dictadura financiera que intentará imponer el tacaño. Esa situación acaba distanciando de la pareja y puede llegar a enfriar el amor.

Qué podemos hacer:

  • Hay que planear y negociar cómo se va a utilizar el dinero familiar y de pareja. El tacaño se disfraza de ahorrador, pero es un niño asustado imposibilitado para disfrutar de la vida de forma adulta.Si se convive con un tacaño, conviene aceptar esa característica y no suponer que con el tiempo cambiará o se vivirá en una decepción continua.
  • Para que el tacaño pueda manejar el dinero de una forma menos ansiosa y patológica debería acudir a psicoterapia. Algo que podría aceptar si padece angustia u otros síntomas que le hacen sufrir.

La personalidad del tacaño es difícil. Para ellos, todo gasto es excesivo. La tacañería es un síntoma que suele aparecer en la estructura de la neurosis obsesiva. Disuadir a los tacaños de su comportamiento no es posible, a no ser que ellos lo vivan como algo patológico y decidan investigar lo que les sucede y qué tipo de miedo se esconde tras el temor constante de quedarse sin dinero. Por lo general, el tacaño tiende a considerar que tiene la razón en cuanto a la manera de administrar su dinero y que los demás son unos despilfarradores.

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