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El hermano más frágil

Las relaciones fraternas se transforman cuando uno de los hermanos está discapacitado o enfermo. Las rivalidades y los celos, que son normales, se resuelven de un modo distinto y, a veces, conflictivo.

Hermanos ayudándose.
Hermanos ayudándose. Getty

Un niño discapacitado o enfermo puede ser idealizado por sus padres, en particular por su madre, que se siente comprometida con ese hijo que la necesita más que los otros. La situación varía mucho según el tipo de afección que sufra, su gravedad y la edad de los otros hermanos. Los padres pueden sentir impotencia ante lo que sucede y, hasta que dominan mejor la situación, suelen guardar silencio y no explicar a los hermanos todo lo que sucede.

El silencio y la dedicación provocan angustia y celos en los hermanos. En ellos suelen aparecer fantasías de que el enfermo desaparezca y sentimientos de culpa por gozar de buena salud, por tener malos pensamientos o por ambas cosas. Algunos expresan su sufrimiento mediante la tristeza o la agresividad, pero siempre con un matiz depresivo.

Mónica llegó a psicoterapia porque se comportaba de forma agresiva con sus compañeros de clase y sus primos. Tenía siete años y se negaba a separarse de su madre, Lucía, que estaba agotada porque tenía que ocuparse de su otra hija, que padecía una enfermedad de la piel.

En consulta, Mónica dibujó a una reina sentada en su trono, cubierta de granos y con manchas oscuras. Con su dibujo, hablaba de su hermana. En un momento, expresó que le gustaría tener la misma enfermedad para que sus padres la cuidaran tanto como a ella. Su agresividad y el apego a la madre eran manifestaciones de la depresión que estaba sufriendo. Y es que, cuanto más la dominaban los malos sentimientos hacia su hermana, más se aferraba a la madre. Para evitar el sentimiento de abandono que Mónica tenía, la psicoterapeuta recomendó a los padres que separasen a las niñas en ocasiones, por ejemplo, para ir a comer o para llevarlas a casa de los abuelos. Estos cambios permitirían encuentros de sus padres solo con Mónica y, así su depresión se podría atenuar y el sentimiento de abandono iría desapareciendo.

Identificación y rivalidad

En ocasiones, los padres, sin darse cuenta, piden a los hijos sanos que se vuelvan autónomos lo antes posible, que hagan los deberes, que vayan y vengan solos... Esas imposiciones alimentan la idea de que los padres tienen preferencias, de que en el seno de la familia hay un 'ojito derecho', del que, naturalmente, se está celoso.

Las rivalidades son muy diferentes según el tipo de enfermedad que padezca el hermano. Por ejemplo, el niño que tiene en su cuerpo lesiones visibles que no le permiten moverse con normalidad, despierta menos rivalidad. En cambio, el hermano de un niño con cáncer puede decir que quisiera tener la misma enfermedad, pero 'con la condición de curarse'. Desea estar enfermo, pero no morir, igual que espera que su hermano se cure. Se halla sometido a un doble movimiento psíquico contradictorio: la manifestación de una agresividad, y su anulación. El niño sano se identifica con el enfermo, pero haciendo abstracción de la fatalidad de su mal.

Los celos expresados por los hermanos aparecen como centrales en su organización psíquica ulterior. Pese a ser corrientes, estos sentimientos son muy mal percibidos por los padres. En realidad, ellos desearían que su hijo sano se transformara en un 'pequeño padre' que comprendiera las dificultades del discapacitado. Quieren hacerle compartir sus preocupaciones y le piden que soporte en silencio el carácter inestable de su hermano. Interpretan sus reticencias como una negativa a adaptarse al modelo que ellos representan. Y, además, se preocupan por el futuro, ya que los hermanos tienen que hacerse cargo del que está discapacitado cuando sus padres no estén.

Hay adolescentes o jóvenes adultos totalmente consagrados a su hermano enfermo, como Daniel, hermano mayor de un discapacitado con problemas mentales, que acaba eligiendo como novia a Marina, que también tiene un hermano discapacitado. Piensa que ella va a entender mejor 'su' problema. Los dos valoran la posibilidad de vivir con sus hermanos cuando tengan que hacerse cargo de ellos. Marina, además, ha estudiado Magisterio especializado en discapacitados. Y es que Sigmund Freud ya señalaba la importancia de que la relación fraterna suele tener en la determinación de la elección de pareja y la extendía también al ámbito de la elección vocacional.

Evitar errores:

  • Conviene evitar que el hermano sano, aunque ayude, se convierta en el asistente del discapacitado.
  • No informar es un error: hay que poner palabras a lo que pasa al enfermo, adaptando el mensaje al niño.
  • No hay que idealizar al hijo discapacitado: es el más cariñoso, el más inteligente, el más amable... como si la enfermedad o la discapacidad eliminaran cualquier defecto que se pudiera tener. Esta actitud aumenta la rivalidad y algunos niños sanos llegan a envidiar la suerte de su hermano o hermana enfermos.

¿Qué podemos hacer?

  • Reflexionar sobre si lo que se les pide a los hijos que están sanos es demasiado. Además, ayuda reconocer todo lo que hacen por su hermano discapacitado y ponerlo en valor.
  • A veces, los hermanos sanos temen la herencia genética que pueden llegar a transmitir a sus propios hijos. En ese caso, conviene tranquilizarlos, que se pueda hablar de ello y, si fuera necesario, pedir informes médicos.
  • Hay que dedicar tiempo a los niños individualmente. Necesitan un lugar único en relación a sus padres.

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