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¿Son más felices sexualmente nuestras hijas?

El sentido común diría que sí, pero nos puede dar una sorpresa. Detrás de una precocidad de récord y el sexo a la carta de Tinder, se enconden conflictos que atraviesan generaciones.

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Si hicieran una encuesta y hubiera que contestar "sí" o "no" a la pregunta de si las hijas son más libres sexualmente de lo que lo eran sus madres, no habría duda: la respuesta es afirmativa. Las nuevas generaciones superan a las anteriores en derechos y libertades, salvo contadas excepciones.

Pero si la cuestión es "¿son las hijas más felices sexualmente de lo que fueron sus madres?", la cosa ya no es blanco y negro, y la respuesta adquiere múltiples matices y puntos de vista. Antes de entrar en materia, centremos el tema e imaginemos a esas mujeres nacidas en la década de los 60 y 70, con hijas que van de la adolescencia a la treintena. ¿Están en las antípodas la sexualidad de unas y otras? "Las generaciones anteriores tenían muy presentes tabús y prejuicios. Los valores familiares giraban en torno al sacrificio y la complacencia, y los religiosos se centraban en la procreación y el pecado. En cuanto a la sexualidad, era más pasiva y estaba supeditada al placer masculino –explica la psicóloga y sexóloga Marián Ponte–. Sin embargo, hoy disponemos de más información y eso nos ayuda a tomar mejores decisiones, estar menos reprimidas y no sentir tantos miedos. Las mujeres conocen mejor su cuerpo, tienen un papel más activo y saben pedir y disfrutar de su sexualidad. Además determinadas creencias, como que había dos tipos de orgasmos o que la masturbación era mala, ya no son generalizadas. Y se ha perdido mucho miedo a los embarazos no deseados y a la mala reputación".

Francisca Molero, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS) está de acuerdo con este análisis, pero añade algunos elementos que lo cuestionan. "Es evidente que el acceso a la información es mucho mayor, pero eso no significa que sea bueno. De entrada es positivo, pero dependiendo del tipo de información, de la fuente y del momento evolutivo de la persona que la recibe, puede ser perjudicial y generar creencias erróneas. De hecho, han caído algunos mitos, pero se han creado otros nuevos que no son buenos para una vivencia satisfactoria de la sexualidad.

Por ejemplo, que hay que probarlo todo, porque la búsqueda del máximo placer se ha convertido en un reto que deja a un lado gran parte del erotismo, fundamental en el proceso de aprendizaje. Y en los colegios se sigue enseñando una educación sexual centrada en la salud, pero la sexualidad es un concepto mucho más amplio que tiene una parte psicológica y emocional muy importante", afirma. Además, muchos chicos jóvenes encuentran en la pornografía su fuente de conocimiento e inspiración. "Esta sexualidad no solo no es real, sino que puede confurndir a la hora de mantener relaciones con las chicas. Ellas tampoco son como laas de las películas y eso genera frutación a ambas partes", añade.

Los roles de género tampoco han evolucionado como sería deseable. Es cierto que se camina hacia la igualdad y las chicas ya no son siempre vistas como unas "golfas" y ellos como unos "conquistadores", pero todavía persisten muchos estereotipos. Según datos de la ONG catalana Sida Estudi, casi la mitad de los 450 adolescentes encuestados piensa que "las mujeres, aunque no lo quieran reconocer, se sienten más atraídas por hombres fuertes y viriles" y uno de cada cinco cree que "si una mujer no está casada ni vive en pareja suele ser porque no ha encontrado a ningún hombre que se enamore de ella".

El primer paso

Pero hay más datos. El estudio Percepción social de la violencia de género en la adolescencia y la juventud, publicado este año por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, muestra que uno de cada tres jóvenes considera inevitable algunas formas de control a la pareja, como "impedir que vea a algunas amistades" o "decirle las cosas que no puede hacer". De ahí que este organismo haya lanzado la campaña "Corta a tiempo. El maltrato no llega de repente", con el objetivo de evitar que se extiendan determinadas conductas de control, falta de respeto, aislamiento, humillación o agresión que se inician en la adolescencia y se agravan por las nuevas tecnologías.

Las app ayudan a perder miedos, pero también a confundir cantidad y calidad.

Y es que con la revolución digital ha cambiado todo a un ritmo tan trepidante que muchas madres reconocen estar fuera de juego respecto al comportamiento de sus hijas. Entre otras cosas, porque el efecto multiplicador de internet y las redes sociales hace que muchas de ellas se obsesionen con su imagen y busquen constantemente la aprobación de los demás.

"Uno de los mayores conflictos que tienen las nuevas generaciones es todo lo relacionado con los modelos femeninos imperantes: se nos impone una mujer estéticamente artificial, muy alejada de la que realmente somos, un modelo que tiene que tener unas determinadas medidas y un físico agraciado para ser aceptado –explica la sexóloga Ponte–. Esto lleva a que muchas chicas no se quieran como son y tengan una relación con su cuerpo que afecta negativamente a su sexualidad".

Los riesgos de ser precoz

Marta tiene 42 años y un buen día descubre que su hija Lucía, de 15, lleva preservativos en el bolso. ¿Se alegra porque ella sepa cómo protegerse frente a embarazos y enfermedades de transmisión sexual o pone el grito en el cielo porque su "niña" puede estar manteniendo relaciones sexuales? Según la ONG catalana Sida Estudi, la edad media en el inicio de relaciones sexuales completas ronda los 14 años. El informe también refleja que los adolescentes son incapaces de gestionar situaciones afectivo-sexuales: "Tienen muchas dudas sobre temas relacionados con el placer y la gestión emocional de las relaciones. No tienen habilidades sociales para determinadas situaciones y conflictos, lo que influye, por ejemplo, en la negociación para el uso del preservativo", apunta el estudio. La sexóloga Francisca Molero no cree que la precocidad sexual sea necesariamente una tendencia positiva. “Puede ser contraproducente porque nos estamos saltando etapas y nos falta una base previa para poder disfrutar del sexo. Es como si en matemáticas nos ponemos a hacer integrales sin saber sumar –dice–. Si yo no me conozco, si no sé lo que me gusta ni lo que deseo, es posible que tenga un mal aprendizaje con consecuencias negativas en el futuro”.

Todos sabemos que para disfrutar de las relaciones sexuales es muy importante estar a gusto con nuestro cuerpo. Y ahora la presión social respecto a los cánones de belleza es más estricta que nunca y genera muchos complejos. Ensalzamos unos cuerpos muy difíciles de conseguir y nada saludables. Y los jóvenes son vulnerables y permeables a las influencias externas. "La sexualidad está enormemente influida por el marco sociocultural y la sociedad actual es muy exhibicionista; antes el sexo era algo íntimo y ahora está expuesto", añade Molero.

El acceso al sexo también se ha multiplicado. Eso de limitarse a los amigos de los amigos y los encuentros en la barra de un bar ya es historia. Las redes sociales y las aplicaciones de citas han hecho del sexo algo frecuente y accesible. El sexo y el amor son, más que nunca, dos cosas independientes y ya nadie se extraña de que así sea. Estas aplicaciones ayudan a perder miedos, ligar y sentirse más libre. Pero también a que se confunda la cantidad con la calidad. "Que se tengan más amantes no quiere decir que haya un mayor disfrute sexual. Enseguida encontramos un sustituto porque necesitamos probar algo nuevo y se pierde el erotismo, la sensualidad, el juego; todo se vuelve más físico y menos afectivo. También es cierto que, tras una temporada de exploración y aprendizaje, son muchos los que desean un vínculo más estable", argumenta Marián Ponte.

Consumir sin satisfacción

Es lo que el psicólogo norteamericano Barry Schwartz llamó la paradoja de la elección. La libertad para escoger no nos hace más libres ni más felices, sino más insatisfechos e indecisos. Nunca se cierra la posibilidad de dar con algo mejor y entramos en un círculo vicioso imparable. ¿Es ahora más fácil encontrar pareja? No, ni mucho menos. "Hablamos de consumo sexual, como si estuviéramos en un escaparate y pudiéramos comprar lo que quisiéramos. Por eso casi nunca estamos contentos con lo que tenemos", explica Molero.

La libertad para escoger no nos hace más libres ni felices, sino más inseguros.

En este sentido, un estudio realizado en la Universidad de Ohio percibía un ligero vínculo entre el sexo ocasional y una salud mental débil. Sin embargo, otro de la Universidad de Nueva York decía que los estudiantes que mantenían este tipo de contactos experimentaban mayor bienestar porque reducían el estrés y aumentaban su autoestima. En lo que sí se ponen de acuerdo los expertos es en que cada vez más mujeres maduras, tras una separación o un divorcio, recurren a estas aplicaciones de citas. Y a veces en eso acaban pareciéndose un poco a sus hijas.


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