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Vergüenza (ajena) y pudor

Anne Igartiburu nos ofrece su reflexión, relacionada con las redes sociales y su uso actual.

Social-media.
Social-media. d.r.

Se han creado nuevos códigos de comunicación. Pautas revolucionarias que dicen mucho de nosotros con un solo 'like', 'me gusta' o un 'click', siguiendo a alguna persona o entidad para saber de ella. Todo ha cambiado en poco tiempo y el exceso de información nos satura.

La forma de expresarnos y de mostrarnos al mundo, desde la popularización de las redes sociales, ha cambiado de tal manera que tengo la ligera sensación de que la mayoría de los usuarios se sienten casi obligados a expresar y posicionarse sobre cualquier acontecimiento. También, la necesidad de mostrar quiénes son al mundo. Pocos son los que se muestran de manera más relajada o natural y, en general, la mayoría intenta mostrar la cara más agradable, bella y amable de su vida.

Hay quien ya es más parecido al personaje creado en sus perfiles que al real"

Debo aquí reconocer que yo misma intento encontrar aquellas imágenes y expresiones que hablan de mí de la manera que más me gusta y que, muchas veces, me supone pensar y repensar si lo que hago es lo correcto. Incluso, hay quien ya es más parecido al personaje creado en sus perfiles que quienes son realmente, porque invierten muchísimo tiempo decidiendo cuál es su postura –y, ahora que la Real Academia de la Lengua ya nos lo permite, el postureo– más adecuado para la ocasión.

Se pierde la autenticidad y nos inclinamos a seguir la tendencia de una corriente que esclaviza a los usuarios hasta donde se dejan. La exposición excesiva cansa, pero parece que el que no comparte instantes que pudieran quedar para la intimidad con sus seguidores se queda rezagado en esta carrera que, muchas veces, es un sin sentido hacia ninguna parte.

El pudor y la vergüenza ajena se mezclan en las redes en esta corriente de mostrar hasta los detalles quizá prescindibles para el voayeur de a pie, que no sale de su asombro. El pudor suele pasar por un autojuicio en el que uno siente apuro por mostrar algún punto vulnerable en sus emociones y creencias más elementales. Mientras, la vergüenza ajena aplica más el juicio hacia los demás desde los valores y principio propios, con el consecuente sentimiento de ligera lástima por el ser juzgado.

Aquí quiero aclarar que, para cada uno, la línea que separa una cosa de la otra es muy delgada y, además, es algo muy subjetivo. Lo que para alguien es una exhibición excesiva de la intimidad, para otros puede ser algo relevante y necesario.

También es cierto que se expresa mucho con el silencio social y que la medida es la clave. La mesura y la cordura. El sentido común y la coherencia a la hora de colocar las cosas en ese escaparate particular. Los políticos y los personajes famosos tienen la mejor plataforma para mostrar lo que quieren y opinan sobre el mundo, convirtiéndose en referentes de sus fanes, en muchos casos, y también en el punto de mira de la opinión general.

No quiero que las redes me resten ni un ápice de tranquilidad..."

Como si no tuviéramos suficiente con preocuparnos de nuestras vidas y de dar un vistazo al periódico o a las noticias en televisión o radio a diario.

Ahora, miramos las vidas ajenas, las de amigos, familiares y personajes que nos interesan y nos permitimos opinar y, como digo, juzgar. Yo, lo confieso, no saco tiempo para tanto. Y no quiero que me resten las redes ni un ápice de tranquilidad, sosiego y dedicación a lo que me gusta. Lo he notado con todos estos acontecimientos profesionales que he tenido en Navidad.

Mantener las redes, sobre todo de manera bonita y en coherencia profesional y personal, lleva tiempo. Ayuda a mostrar facetas de uno mismo, pero no debería ser tan estresante. Y, sobre todo, confiemos en que sepamos valorar con sentido común y criterio hasta qué punto es relevante para no depender tanto de todo ello.

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