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El sueño de Gran Hermano Vip produce monstruos

Los gritos y los insultos fueron constantes en una noche en la que el show de Telecinco se asemejó a un circo romano.

Captura de pantalla de la gala de GH Vip.
Captura de pantalla de la gala de GH Vip. TELECINCO

Ayer, en la que fue probablemente la noche de Gran Hermano Vip más aburrida de la historia, hubo un momento espeluznante. Ese que nos mostró cómo una persona adulta y con cierta educación puede transformarse en un 'hooligan' desesperado en un instante si se encuentra rodeado de otros 'hooligans' desesperados. Ayer, Jordi González anunció que la próxima semana se plantearía la repesca de un concursante, que podría volver a entrar en la casa. Los gritos y saltos de Aída Nízar, secundados por Toño González y Alonso Caparrós reclamándose como repescados fueron un triste espectáculo. El hombre normal representado en el ya cantante Tutto no daba crédito.

Pero, en fin, parece que es este grito constante y este insulto constante lo que le funciona a Gran Hermano Vip para sobrevivir: ayer Aída Nízar no se cansó de gritar (cuatro horas de programa fueron un grito suyo) que Aless Gibaja, finalmente expulsado, era sucio, era aburrido y era inservible para la tele, dentro de este nueva retórica suya por la cual la televisión se asemeja al circo romano, y si no das este tipo de juego has de ser vilipendiado en el centro de la arena y echado a los leones. Siempre ha sido así, pero jamás se ha mostrado de una manera tan cruda las tripas del monstruo que anida, en este caso, en Telecinco. Ayer, Gibaja tuvo que escuchar toda clase de insultos delante de sus padres. Su progenitor cayó en la trampa que supo evitar elegantemente su hijo: llamó a Aída ser oscuro y a Toño, chapero.

Por lo demás, dentro la cosa queda así: Sergio e Yvonne viven su amor y es una aburrimiento. Elettra sigue ciclotímica y cada vez más insoportable. Inma y Emma podrían montar, a poco que se esforzaran, un duo cómico-absurdo que llenaría los teatros del viejo Madrid. Allison y Marco no hay quien se los crea. Y Daniela tiene el pelo graso, muy graso, y esa observación opaca tanto la percepción que tengo ganas de enviarle por mensajero un champú de tratamiento. Todo es tan aburrido, que podría ganar Alejandro Abad, el malo de libro, el hombre que se siente superior a todos. Ayer lloró como un niño cuando escuchó a su familia al teléfono. En ese momento, comprendió que su juego de insultos y manipulación podría ser la vergüenza de otros.


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