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Lo que pasa cuando lloras en el trabajo

Diversos estudios revelan cómo se percibe la eficacia laboral de aquellas personas a las que se les escapan las lágrimas en horario de oficina.

Una mujer intenta consolar a otra en las escaleras de la oficina.
Una mujer intenta consolar a otra en las escaleras de la oficina. GTRES

Al trabajo se llega llorado de casa. Eso ya lo sabes. Ahora un estudio británico señala que mostrar tus debilidades en el ámbito laboral solo sirve para dañar tu carrera profesional.

En una serie de tres experimentos publicada en la revista British Journal of Social Psychology los investigadores preguntaron a 1.000 personas su impresión acerca de varias personas fotografiadas. En una de las fotos la persona tenía una lágrima que le corría por una mejilla, en otras esa lágrima había sido borrada con Photoshop.

La presencia de la lágrima era definitiva en la valoración que hacían los participantes de la foto. La gente percibía a esa persona como un ser triste, sensible pero... ¡ojo! menos competente que cuando la fotografía de esa persona no incluía la lágrima (tras el retoque fotográfico citado). Las personas consultadas en la investigación estaban más dispuestas a ayudar a la persona que lloraba, pero confiaban más en las que no lo hacían.

Aunque en el estudio no se explicaban las razones por las que las personas lloraban, lo que sí se percibía en todos los casos es que esos sujetos que "lloraban" en las fotografías eran vistos como menos competentes y eficaces profesionalmente.

Estudios anteriores han mostrado que las lágrimas ayudan a que otra gente se acerque a ti para brindarte su ayuda, pero el nuevo trabajo también muestra que la compasión en el contexto laboral puede ser un arma de doble filo. “El lugar de trabajo no es un sitio donde las lágrimas sean particularmente apreciadas, es un sitio donde todo ronda alrededor de la eficacia y la competencia", apuntan los autores del estudio.

No es raro que en una encuesta reciente en torno a este asunto el 74% de los participantes declarase que preferían llorar en casa, mientras solo un 6% dijeron haber llorado en alguna ocasión en la escuela o en el trabajo.

Así, la conclusión es clara: Ni se te ocurra llorar en el trabajo, pues las lágrimas nunca ayudan, si quieres que te valoren y tus opiniones se tengan en cuenta.