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El trauma del abuso

¿Por qué se acaba dudando de las víctimas en un caso de pederastia? La incapacidad de mantener un relato exacto tiene mucho que ver con la necesidad de olvidar la peor violencia que se puede ejercer ontra un niño

Un niño yendo al colegio
Un niño yendo al colegio getty

La última revisión de condena a un pederasta que impartía clases en un colegio de Madrid y al que se le acusaba de 13 casos de abusos, promueve algunos interrogantes. En octubre pasado, los menores tuvieron que declarar en el juzgado en presencia del agresor, aunque separados por un biombo. Previamente, habían sido explorados e interrogados por la Guardia Civil y por especialistas del Centro de Intervención en Abuso Sexual Infantil de la Comunidad de Madrid. ¿Cómo es posible que la ley haga declarar a un niño traumatizado por un abuso hasta tres veces (como en el caso que nos ocupa), porque no sabe si exagera o está diciendo la verdad?

La razón es que se duda de que algunas declaraciones sean exactas. Pero el relato exacto es imposible, porque las víctimas han sido sometidas a un daño psicológico que no es fácil de superar y por el cual se intenta olvidar y reprimir lo sucedido. Los hechos se pueden rememorar de forma distinta, depende de lo que evoquen y de lo que la víctima haya podido elaborar. No es lo mismo un niño de 10 años que un adulto.

La sexualidad infantil y adolescente se construye hasta alcanzar una maduración psíquica y física de las que se carece en la infancia. La intrusión violenta de la sexualidad adulta en el cuerpo del niño provoca síntomas, porque fuerza al menor a acelerar su proceso. Por fortuna, en este caso los alumnos se dieron cuenta que no podían seguir así y hablaron con sus padres, que supieron escucharlos y denunciaron lo que pasaba.

La prevención es necesaria

  • ¿Por qué se tarda tanto tiempo en defender a los niños de los abusos? El silencio de los adultos, que no ven nada o que no creen lo que los niños dicen, es cómplice de una cultura cruel que los utiliza y, en demasiadas ocasiones, viola su proceso madurativo. España es uno de los países europeos que menos denuncia los abusos. El que más denuncia es Suecia. En el caso que nos ocupa, ocurrió algo positivo, y es que los niños advirtieron a sus padres de lo que ocurría.

Desde una posición de superioridad

En las últimas declaraciones del profesor para que se revisara su puesta en libertad, el acusado decía que era un docente cariñoso, como el resto de los profesores, y que se mostraba sorprendido por las acusaciones. Aseguraba que se habían "malinterpretado sus gestos en la clase". He aquí alguno de esos gestos: llamaba a un alumno y le pedía que se acercara a su mesa, le invitaba a sentarse sobre sus piernas y le realizaba tocamientos. Unas veces se limitaba a "tocar el culo del alumno y a pellizcarle"; en otras, "le chupaba y le mordía la oreja o le daba besos en el cuello". Estos gestos no dejan lugar a dudas. Lo que él llama "cariño" no son más que acercamientos claramente sexuales efectuados desde su posición de superioridad.

En este caso, lo positivo es que los niños pudieron hablar y fueron escuchados

Desde el psicoanálisis se hacen algunas consideraciones. El abuso sexual es la peor violencia que se puede ejercer sobre un niño por parte de un adulto, pues lo utiliza como objeto para hacerle participar en actividades sexuales que desbordan su psiquismo. No las puede comprender porque su grado de constitución mental no está preparado, no es un sujeto maduro que pueda responder a la seducción del adulto. Lo que vale para el niño, vale también para el púber o el adolescente. Las actividades sexuales que el adulto le propone, sean del género que sean, producen un traumatismo psíquico.

El trauma es aquel suceso que se caracteriza por una intensidad extrema y que enfrenta al sujeto a la incapacidad de responder adecuadamente a lo que está sintiendo. Sus efectos patológicos son duraderos. La dimensión traumática está relacionada con la intensidad del acontecimiento, pero también con lo que internamente se le ha disparado al niño, que puede sentirse culpable. Su culpa viene de deseos infantiles que nunca deben realizarse porque los adultos con unos límites y una ética interiorizada no gozan usando a un menor como un fetiche.

Condena a un profesor

  • Carlos Ruiz, de 33 años, profesor de Matemáticas del colegio Vallmont de Madrid, fue detenido en 2014. El 22 de febrero fue condenado a 45 años y nueve meses por la Audiencia Provincial de Madrid, que le responsabiliza de nueve delitos continuados de abusos sobre sus alumnos (de ocho a 14 años) entre 2010 y 2014. También queda inhabilitado para el ejercicio de cualquier profesión que tenga contacto con menores de edad.

Efectos devastadores

El abuso sexual provoca graves consecuencias para el niño o el adolescente. Aparecen conductas violentas, actos delictivos, conductas autoagresivas. Y en la edad adulta, graves trastornos, como dificultades para la adaptación social, problemas de pareja y en las relaciones sexuales, síntomas somáticos, trastornos afectivos, abuso de alcohol y drogas.

En la mente de una víctima, los abusos infantiles nunca prescriben

Si son niñas quienes sufren el abuso, suelen padecer trastornos límites de la personalidad o, como sostiene la psicoanalista Dolores Díaz-Benjumea, quedan atrapadas en relaciones en las que sufren violencia. Si se trata de chicos, algunos estudios señalan que invierten lo que sintieron y se convierten en muchos casos en abusadores. La sexualidad, como la identidad, es una construcción. Los pederastas han quedado infantilizados y, por lo general, no logran alcanzar una sexualidad genital adulta. Como suelen ser impotentes en sus relaciones con un adulto, combaten su incapacidad ejerciendo el poder con seres desvalidos. Se vengan así de sus carencias. En la organización psíquica del pedófilo no hay ninguna ley interna de respeto a sí mismo ni al otro.


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