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¿Una relación? No, gracias...

Aunque las transformaciones culturales han cambiado nuestra vida íntima, permanece en el imaginario colectivo la idea de que la mujer que no tiene pareja está incompleta. ¿Está sobrevalorado el amor romántico?

Diane Keaton en la película 'Cuando menos te lo esperas'
Diane Keaton en la película 'Cuando menos te lo esperas' D.R.

Es habitual tener más de una pareja a lo largo de la vida: muchas personas se separan, otras deciden vivir solas, algunas optan por mantener una relación viviendo cada uno en su casa... Las mujeres han ido conquistando un lugar diferente en la sociedad. Pero aún persiste la idea de que, si no tienen pareja, están incompletas.

Elena había salido a cenar con sus amigas Clara y Olga y, de vuelta a casa, pensaba que quizá había estado un poco antipática con ellas, pero es que ya no soportaba que la intentaran emparejar con alguien. "¿No sois capaces de suponer por un momento que a lo mejor quiero estar sola con mi hijo, mi trabajo, mi familia, mi gente y sin pareja? -les dijo-. No quiero depender de un hombre, ni siquiera afectivamente; me lleva muchas energías y prefiero colocar mi fuerza en lo que por ahora me hace más feliz. ¿Seríais tan amables de respetar mis deseos y no intentar emparejarme como si creyerais que soy una pobrecita que lo pasa mal sola?".

Evitar errores

  • La conquista de la libertad e independencia de la mujer está conduciendo a ambos géneros a valorar la relación de pareja de forma diferente.
  • En la pareja confluyen la historia emocional de cada uno y el momento cultural que nos ha tocado vivir.
  • Hay una lucha entre el deseo consciente de estar acompañado y el deseo inconsciente de estar solos.
  • Un sentimiento de culpa puede conducir a una pareja a repetir aquello que más rechazaba en sus padres.

Elena, de 44 años, ha tenido dos parejas. Con la última tuvo a su hijo, que ahora tiene siete años. Se había sentido controlada por ellos y muy poco valorada en su profesión. Era abogada. "¿Dónde queda la idea de que una mujer puede ser independiente y autónoma?", les dice a sus amigas.

La ilusión de que, en pareja, uno no se va a sentir solo se desvanece pronto

Los mensajes que Elena siempre recibió de su madre habían sido contradictorios. Conscientemente, le decía que la mujer debía formar una familia, pero inconscientemente le transmitía que el matrimonio era renunciar a su libertad. El padre, por su parte, era un hombre posesivo y celoso, las mismas características que han tenido también las parejas con las que ha estado. Durante una terapia psicoanalítica, pudo elaborar la identificación que había realizado con su madre, y reconocer el deseo de ser independiente y valorar su trabajo por delante de tener pareja. Le había costado llegar hasta donde se encontraba en la vida, pero había tomado esa decisión y estaba orgullosa. No sabía si mas adelante querría una pareja, desde luego no en este momento de su vida.

Qué podemos hacer

  • En la primera etapa de las relaciones amorosas, hay una sobrevaloración de la pareja: el otro pasa a ocupar, en nuestro inconsciente, el ideal que tiene el yo para sentirse pleno. Ya nunca se va a encontrar desamparado o solo.
  • Esta ilusión cae pronto. La decepción que sigue tiene que elaborarse psíquicamente y se realiza cuando se aceptan los límites propios y los del otro.
  • Hay que aceptar que la relación amorosa depende de movimientos inconscientes.

El deseo y el otro

Asumir el deseo de lo que queremos ser es la única dependencia a la que tenemos que someternos para ser libres. Todos los seres humanos tenemos una cantidad de energía libidinal que depositamos en aquellos aspectos que valoramos y a los que dirigimos nuestros deseos, tanto los conscientes como los inconscientes. ¿De donde proviene el deseo? Se organiza en la infancia y se mantiene a lo largo de la vida para alcanzar algo de lo que se gestó en los primeros años.

Irene Meler, psicoanalista, plantea que en la relación de pareja actual coexisten características tradicionales con tendencias modernas que poco a poco van cambiando la posición de la mujer. Pero el ser de la mujer lleva siglos asociado a ser la pareja "de" un hombre, por lo que la falta del vínculo conyugal no solo genera soledad, sino que despersonaliza. Señala Meler que "ser es, para muchas mujeres, sinónimo de ser-con-otro".

Algo que corroboraría esta idea es que, hasta hace poco, en muchos países la mujer perdía su apellido cuando contraía matrimonio. La posesión de un nombre propio es un logro femenino reciente. La mujer era nombrada por el apellido de él, como parte de su identidad. El pasado vive en nuestro presente. No tener pareja es percibido como una carencia que a veces no se tolera. El proceso de individuación de las mujeres, y su valoración como seres independientes, permitirá que puedan transitar con los demás más allá de la compañía amorosa de un hombre.


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