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La marca, de Edurne Uriarte

Se trata de un estudio mundial sobre la calidad percibida en los productos de cada país, su imagen de marca, pero su lectura me llevó a pensar en nosotras las mujeres.

Una mujer y un hombre en una reunión de trabajo.
Una mujer y un hombre en una reunión de trabajo. getty

Y en otra imagen de marca, la marca mujer y la manera en que se percibe nuestro trabajo en comparación con el de los hombres. El Índice Made-In-Country, realizado con encuestas a 43.034 consumidores en todo el mundo, mostraba que Alemania es el país cuyos productos se consideran de mayor calidad.

A continuación, las naciones más desarrolladas, y España en el número 20, por detrás de su propio nivel de desarrollo económico. Me pregunté si esa diferencia entre Alemania y España corresponde a la distancia actual en la calidad de sus productos o se trata más bien una cuestión de imagen, de una imagen conformada en el pasado y que se maniene en el presente a pesar de los cambios. Es la misma pregunta que me hago de vez en cuando sobre nosotras y nuestra marca, la imagen de marca que nos perjudica en la percepción social de nuestro trabajo.

Y que explica, por ejemplo, que aún se suponga mayor capacidad de liderazgo político o empresarial a los hombres o que bastantes encuentren más importante lo que dicen ellos que lo que decimos nosotras. No tiene que cer con la realidad, pero tiene efectos en la realidad, en la contratación de las mujeres, en sus posibilidades de éxito o en los salarios ofrecidos.

Y no hay acciones milagrosas que puedan suprimir de un plumazo esos efectos del pasado, hace falta sobre todo tiempo, pero sí hay decisiones puntuales que ayudan. Como esa eliminación de la figura de las azafatas del beso al campeón en el ciclismo y que algunos hombres han criticado furibundantemente como si se tratara de una imposición enloquecida del feminismo radical. Y que yo he celebrado como la inmensa mayoría de las mujeres, feministas de unsigno o de otro, que en esto no discrepamos.

Y no solo por lo que enseña a los niños y a las niñas sobre su papel en el mundo, competir o besar al ganador, sino también por sus efectos en nuestra marca. En la perpetuación de nuestra imagen de bellos cuerpos y sonrisas luminosas destinadas a cumplimentar y premiar a los protagonistas. Cientos o miles de imágenes como esas conforman una percepción que no es precisamente la de las capacidades y liderazgo de las mujeres.

Quizá los mismos encuentren también enloquecido que una organización antirracista pida a un club de fútbol inglés, al Manchester United y a su afición, que no apoye a una de sus estrellas, Lukaku, con cánticos elogiosos sobre el tamaó de sus atributos sexuales. Pero resulta que Lukaku es negro y eso aparentemente tan inocuo contribuye a perpetuar determinados estereotipos sobre los negros. Y no son tampoco los del liderazgo, como nos pasa tantas veces a nosotras.


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