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Divorcios: por qué son tan importantes los amigos

Paloma Bravo te cuenta por qué son tan importantes los amigos en el proceso del divorcio...

Grupo de amigos en una cafetería.
Grupo de amigos en una cafetería. gtres

Duele el desamor. Duele la soledad. Duele dividir el presupuesto. Duele la culpa. Duele no reconocerse. Pero poco a poco los nubarrones escampan y reírse de uno mismo (y con los demás) vuelve a ser posible. La escritora Paloma Bravo nos ofrece su hoja de ruta personal para los divorcios propios y ajenos.

Arrastrando el desamor de casa en casa

"Redecora tu vida", propuso Ikea cuando las separaciones empezaron a ser tendencia. Dicho y hecho: sus naves se llenaron de almas que arrastraban el desamor por interminables pasillos en busca de unas literas molonas para iluminar los sueños de sus hijos en casa nueva... "Uno de cada dos fines de semana". La frase más dolorosa del siglo XX.

El siglo XXI nos ha traído una nueva palabra: "Custodia compartida". Suena guay, como si no doliera. Pero separarse duele. Duele el desamor. Duele la soledad. Duele dividir el presupuesto familiar. Duele la culpa. Duele no poder decirles a tus amigos lo que piensas para que no te miren con espanto. Duele saber que no es verdad, que en unos meses no lo pensarás pero esos otros meses... ¿cuándo van a llegar?

Duele, puestos a doler, hasta separarse sin hijos, sin nunca más nada que decirle a tu ex. Como C., el primer amigo al que acompañé a Ikea. "Le dejo la ciudad y los amigos. Me voy y me cambio de móvil". C. compartía ese lema de David Trueba: "Yo a mis amigos no les cuento mis penas: ¡que les divierta su p*** madre!". Elegimos una casa completa, la metió en un camión y no lo volví a ver. Respetar su desaparición fue un gesto extremo de amistad.

A la búsqueda de un reflejo menos cruel

Una obviedad: el desamor desgasta, arruga, destruye, mata. No es la mejor versión de uno mismo la que se separa, no. Es la que solo ve defectos y defectos refleja. Triste y amarga. Por eso, si la nube negra se instala, ¡salid!: veros fuera, veros con otros ojos, veros en vuestros amigos de verdad.

Mi ex y yo nos queríamos tan bien delante de otros que nadie se imaginaba mi verdad: al salir del trabajo, daba mil vueltas, incapaz de subir al drama que era mi casa, a mi yo culposo, culpado. Hasta que una noche J. y X. me arrastraron a una cena, y allí, riéndome y haciéndolos reír, pensé: "Estos son mis amigos y esta soy yo: la que ellos ven, la que quieren, la que les divierte. Con ellos sí que (me) molo".

Con la seguridad que da sentirse querida y admirada por los amigos a los que quieres y admiras, la separación fue llegando lenta y serena. No nos repartimos los amigos: él tenía los suyos, yo tenía los míos. Él tenía su razón, yo tenía mis risas.

Hasta en los momentos de más dolor, intenté no vomitar pena. Desayunaba, comía y cenaba una cucharada de dignidad. Por eso tampoco lo llamé a él. Y aquí aviso: siempre hay uno que se arrepiente, que flaquea, que piensa: "Y si volviéramos a intentarlo...". Siempre hay uno que dice que no cuando el otro dice que sí, y son papeles que se alternan. Haced lo que queráis pero, en cuanto podáis, ¡no miréis atrás!

El miedo al contagio y la mirada de lástima

"¡Haces apología de la separación!", me regaña mi imprescindible (y felizmente casado) amigo M., que siempre me lee por encima del hombro. No: lo que defiendo es que, si puedes y sabes estar solo, no hay que estar en pareja de cualquier manera.

M. discrepa. Y no será el único. Separados/as que ahora os asomáis al mundo impares: os juzgarán. Los felizmente casados, porque no sois como ellos; los infelizmente casados, porque podrían acabar como vosotros.

El año pasado, tras un drama en el colegio, la madre perfecta me intentó reclutar para el aquelarre: "Hay que echar a ese niño. No tiene una familia normal...". ¿Qué es normal?, pregunté. "Ya está la escritora...". Lo normal no implica padres requetecasados, sino conocer a tu hijo, quererlo, darle herramientas para ser feliz, coherente e íntegro. "Lo normal es una familia normal", sentenció la madre perfecta, tan imperfecta.

Quiérele lejos, pero quiérele

Unos meses después me llamó. Se había separado. "Necesito que me ayudes. Tú no eres mi amiga y no me vas a mentir".

Le dije: "Sé tú misma. Ese rencor que te invade (y en el que no te reconoces) pasará. Respétate. Sé educada. Interésate por los demás. Habla de otras cosas. Él seguirá siendo el padre de tus hijos, la mitad de sus genes, gran parte de su vida. Quiérele. Lejos, pero quiérele".

Le tentaba el coro complaciente de sus amigas de siempre: "La culpa es de él, no te merece...". Pero fueron desapareciendo. "¿El divorcio es contagioso?", me preguntó. "El divorcio no; tu dolor, sí. No enseñes al mundo tus cicatrices o nunca verán otra cosa". "¿Eso es de Karate Kid?", se burlaba de mí. "No, es que lo dice siempre mi perra". Sonrió. Y una sonrisa es una victoria.

Seguí: "Separarse puede ser un acto de limpieza. Te regeneras, te reinventas, te estrenas. No dejes que tus amigos te miren con lástima, que olviden todo lo que vales, todo lo que eres. Y si cuando salgas del dolor no están, habrá otros. En realidad no hay amigos, sino fragmentos de amistad. Vas a cambiar. Has cambiado. Mantén los amigos que te acompañen en tu cambio, pero busca también a los amigos nuevos que quieran a tu nuevo yo".

Lloraba: "Ya solo me invitan a las cenas si les sobra un señor triste". ¿Y vas? "No, claro que no, pero tampoco quiero quedarme en casa". ¿Qué quieres hacer? "Viajar, ir al cine, leer". Para eso no necesitas pareja. Hazlo sola. Hazlo contigo. "Pareces un manual de autoayuda y no te pega", me chinchaba. "Ya no pareces una mujer perfecta, y te sienta bien", le contesté. Y era cierto.

Un año después, la madre perfecta ha llegado a ser una perfecta separada: libre y feliz. Su semana sin custodia incluye más planes que un festival californiano. La semana con niños y custodia es amor, abrazos y paz. Ambas son trabajo, amigos, y soledad.

No es posible ser feliz en el retrovisor

La noticia de esta semana es el divorcio de I. y F. Amigos ambos. Yo los presenté. "Tu amigo me la ha liado parda...". I. saca misiles nucleares. "Te voy a escuchar sin darte la razón...". La seguiré escuchando muchos años.

La oiré inventar un espejismo "Mola: mi ex es mi mejor amigo". Estaré allí cuando vuelva al desierto: "¡Se ha enamorado...! He perdido los años que estuvimos juntos, a mi pareja y a mi mejor amigo...". Seguiré callada: I. sabe que la vida sigue, que él ya no es quien fue ni ella tampoco, que no se puede ser feliz en el retrovisor. Años después, me dirá: "Te odié porque no tomabas partido. Ahora te quiero por eso mismo. Gracias".

Haz lo que quieras: eres tú, eres libre

Es viernes. Escribe I. y recupero para ella los whatsapp que envié a la madre perfecta. "Entra en Tinder (y no lo cuentes). O no entres (y no lo cuentes). A nadie le importa qué haces al separarte, porque dentro de tres meses habrás dejado de hacerlo. Quiérete sin dar explicaciones. Y perdónate también. Porque vas a cotillear su Facebook y querrás llamar a aquel amigo suyo que te tiraba los tejos. No lo hagas. Estás sola. Eres libre. Eres tú. ¡Disfruta!".

Eres su amigo: en caso de duda, regala, di te quiero y llámale

Rosa, la mejor amiga de mi madre, es inteligente, guapa, buena. Se parecen mucho las dos. De pequeños, a veces, creíamos tener dos madres. Pero fue Rosa quien nos enseñó algo muy básico y muy infrecuente: "En caso de duda, regala; en caso de duda, di te quiero; en caso de duda, llama a ver cómo está".

Los amigos, como la mujer del César, tienen que serlo y tienen que parecerlo. Tienen que ser y tienen que estar. Tienen, en caso de duda, que llamar, visitar y dar.

10 claves para ayudar a tu amigo que se está divorciando:

  1. Escucha. Le oirás insultar y rezongar. Creerás que te exige unirte a sus improperios de hooligan. No. Calla. Escucha.
  2. No le digas obviedades. Tú no. Nada de "encontrarás a alguien mejor, solo es cuestión de tiempo". Nada de "los niños se acostumbran a todo; son los que antes se adaptan; les encantará tener dos casas". Calla. Escucha.
  3. Busca su sentido del humor. Quizá esté dentro de la caja de kleenex, pero lo tiene. Recuérdale aquello de "humor = tragedia + tiempo". Prueba: "Han pasado tres días, ¿nos podemos reír ya?". Si no, calla, escucha.
  4. No le organices citas a ciegas. Que dos personas se acaben de separar no les hace compatibles.
  5. El dinero no tiene gracia. Y menos si divides los ingresos familiares y duplicas los gastos. No propongas cena cuando no hay canguro. O, mejor, proponte de canguro para que tus amigos puedan salir de cena.
  6. Tampoco tienen gracia los abogados, pero un mal acuerdo es mejor que un buen juicio. El divorcio es para siempre y hay que hacerlo bien. Ayúdales a asesorarse, ayúdales a protegerse.
  7. Vuelve a probar. "Han pasado tres semanas, ¿nos podemos reír ya de todo esto?".
  8. "¿Qué tal?". Ese mensaje tan fácil que por WhatsApp, es suficiente. Tu amigo/a decidirá si contestar "bien" o contarte la verdad. Pero, sobre todo, sabrá que estás.
  9. Si eres amigo de ambos, repite la operación paso a paso con el otro. No intercedas, no interfieras. Escucha, calla.
  10. No procede contarle esa minucia por la que acabáis de discutir en casa. Lo que toca otra vez es: "Han pasado seis semanas, ¿nos podemos reír ya?".

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