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Cuatro signos que te avisan de que la ansiedad empieza a ser un problema en tu vida

El estrés y la ansiedad no se manifiestan físicamente, pero sí hay ciertas situaciones que pueden avisarte de que sufres un trastorno.

Una mujer pensativa mirando por una ventana.
Una mujer pensativa mirando por una ventana. getty

Los síntomas más reconocibles de la ansiedad incluyen el trastorno general de ansiedad, la agorafobia (miedo a estar en situaciones públicas de las que no se puede escapar), el desorden social de ansiedad, el estrés post traumático, las fobias específicas, el trastorno obsesivo compulsivo y trastorno de ansiedad por separación. No hay análisis de sangre ni escáner cerebral que pueden diagnosticar con eficacia ninguno de estos desórdenes, pero hay cuatro signos que sí te pueden avisar de que quizás puedas estar sufriendo un trastorno de ansiedad.

Sufrir un alto nivel de estrés. La ansiedad es una cuestión de grados. No es lo mismo estar angustiado entes de un examen que tener miedos continuos a acontecimientos de la vida diaria, o estar preocupado por una potencial epidemia global de salud que puede no llegar nunca. Si la tensión consume tu día, tus pensamientos, condiciona tu vida social, no te deja dormir y en general reduce tu calidad de vida al punto de provocarte algún ataque de pánico, la ansiedad ha empezado a ser un problema.

Tu pánico es persistente. El cerebro, ansioso o no, está siempre aprendiendo, pero el cerebro ansioso una vez que ha aprendido cosas erróneas le cuesta mucho olvidarlas. Una vez que has decidido que tiene miedo a las multitudes, aplicará su máxima a todas las situaciones sociales, no importa que la multitud sea en las calles, en un bar o en una fiesta. Al final se sentirá más seguro en casa.

Evitas situaciones por miedo. Todos evitamos situaciones que nos disgustan o nos dan miedo, es posible que no te gusten las montañas rusas o el cilantro o las películas de horror. El miedo es libre. Pero esos miedos no afectan realmente a tu vida. El problema empieza cuando empiezas a a aislarte por el miedo. Por ejemplo, si tienes miedo a los aviones y limitas tus viajes solo a sitios a los que puedas llegar por tierra.

Tus temores interfieren tu vida diaria. Un trastorno de ansiedad puede ser tan severo que comprometa el funcionamiento del día a día. Las personas que sufren un TOC pueden tardar horas en salir de casa porque no han conseguido completar algunos de sus rituales, por ejemplo, las almohadas de encima de la cama no están correctamente ordenadas. Las tareas del colegio o del trabajo pueden quedarse incompletas porque el nivel de perfeccionismo de un ansioso nunca llega a satisfacerse. Estas cosas se empeoran cuando a los síntomas emocionales le siguen síntomas físicos como dolores de cabeza, pérdida de apetito, mareos o insomnio.


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