David Ruiz o el valor de irse
David Ruiz, el creativo detrás de la campaña La Buena Vida de Hacienda López de Haro, cerró su estudio en el mejor momento de su historia para dar la vuelta al mundo a vela en solitario. Volvió cuatro años después con una certeza: vivir bien no consiste en correr más, sino en decidir el propio ritmo.
Escuché una voz que me decía que sería dramático llegar a cierta edad, cuando ya el cuerpo no aguanta, y pensar: ¿qué he hecho con mi vida? No he hecho todo aquello que me había imaginado, no he cumplido mis sueños”. Y David Ruiz no solo la escuchó: le hizo caso. Primero, dejando “un buen sueldo, un buen puesto, equipos a mi cargo” en la multinacional del sector publicitario donde trabajaba para fundar, en los años 90, su propio estudio creativo, ruizcompany.
Pero cuando el estudio cumplía 25 años, con una trayectoria consolidada y reconocida con más de ciento cuarenta premios en festivales internacionales de diseño y publicidad, decidió que era hora de parar. “En el mejor momento de su historia”, cuenta hoy. Apagó las luces y se subió a Thor, su velero, para dar la vuelta al mundo a vela en solitario. Así nació irse., un libro donde narra aquella experiencia.
El director creativo de ruizcompany, David Ruiz.
“Una vez que hice análisis de mi vida, me di cuenta de que esto de ‘irse’ lo he practicado varias veces a lo largo de mi trayectoria”, explica hoy David. “Y siempre ha sido porque me he preguntado a mí mismo si estoy bien”. Si la respuesta era no, tocaba mover ficha.
La primera vez fue para dejar la multinacional y montar su propio estudio. Otras cuando, antes de cerrar el estudio durante cuatro años, decidía hacer paradas y echarse a navegar durante varias semanas. “Viajes conmigo mismo para interrumpir la vorágine del trabajo”, explica. El gran viaje tuvo ensayos previos. Y el impulso, cuenta con un entusiasmo que resulta contagioso, era siempre el mismo: convertir un sueño en objetivo antes de que fuera demasiado tarde.
Partió en noviembre de 2016 y regresó en septiembre de 2020. Una travesía de cuatro años en la que recorrió 27.000 millas náuticas (unos 50.000 km) y visitó un total de 34 países. En Australia, pasó más de un mes en un remoto lugar del norte, con un cocodrilo como una compañía habitual; la pandemia lo sorprendió cruzando el Mar Rojo. Y pasó varios meses “en un paraíso desierto” frente a las costas de Egipto.
Y por el camino aprendió a vivir con otros tiempos. “Al navegar a vela, entras en el ritmo de la naturaleza. Si hace mucho viento, vas más deprisa. Si hace menos viento, vas más despacio. Si no hay nada, te quedas parado”.
David Ruiz, en su viaje en solitario alrededor del mundo a vela.
En alta mar, Ruiz entendió hasta qué punto la naturaleza ordena aquello que la vida urbana descoloca. “La naturaleza te equilibra”, resume. Y de ahí esa necesidad tan común de escaparnos al campo o a la playa en el tiempo libre. “¿Por qué nos pasa eso?”. Él mismo se responde: “porque nos hemos alejado de nuestra esencia. Y cuando nos pasa eso nos desequilibramos por completo”.
Por eso, aunque desde fuera, aquel viaje podía parecer una marcha, una escapada hacia adelante; escuchando a David Ruiz, el interlocutor se da cuenta de que se
trata de lo contrario. “No es tanto irse como volver al lugar donde teníamos que estar”, dice.
David, en su libro 'irse.', recoge la experiencia de su viaje de cuatro años navegando.
¿Cómo le transforma una experiencia así? “Vuelve el mismo, pero con una vuelta de ventaja”, dice hoy. Esa experiencia cambió también su manera de entender la buena vida. “Puede ser quedarte en casa viendo la tele. Lo importante es que lo hayas decidido tú. El problema llega cuando te dejas arrastrar por la rueda del hámster”.
La Buena Vida
Por eso, cuando empezó a trabajar en el concepto creativo de La Buena Vida de Hacienda López de Haro, no pensó solo en una campaña de vino. Quiso reflejar algo más amplio: una manera de vivir, de conversar, de sentarse a la mesa sin prisa. Y un territorio. “El riojano es un gran anfitrión”, dice. “Le encanta sorprender al visitante y mostrarle su tierra, sus productos, su gastronomía”. Allí, la buena vida dejaba de ser una abstracción y se convertía en una práctica cotidiana: compartir un vino, alargar una conversación, saborear el momento sin correr hacia el siguiente.
La bodega riojana Hacienda López de Haro.
Ruiz insiste en que La Buena Vida no nació como un juego de palabras ni como una postal de viñedos. Su trabajo consistía precisamente en escapar de eso. “Cuando introduces un concepto mucho más amplio que habla de la vida, de un estilo de vida, de una filosofía, de una manera de pensar, es mucho más potente”, explica.
Más que añadir una capa bonita al producto, esta idea le permitía hacer algo menos evidente y mucho más difícil: desplazar la mirada desde la botella hacia el momento en que esa botella cobra todo su sentido. No hablar solo de barricas, añadas o notas de cata, sino de una manera de afrontar la vida, de situarse en el mundo: saber detenerse, elegir con quién se comparte el tiempo y entender que algunas cosas, como los buenos vinos, no mejoran con la prisa.
La campaña, casi como el propio David al referirse a su vida,habla de calma, de tiempo compartido, de hospitalidad. Valores que, en la Rioja de Hacienda López de Haro, no son un mero decorado, sino una forma concreta de estar. Y de disfrutar de La Buena vida.





