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Ben Affleck: rey (destronado) de copas y corazones

Se mueve en el filo de la navaja y más de una vez se ha cortado. El alcohol, el juego y las mujeres nunca han faltado en su vida. Ahora presenta una ‘nueva’ novia con la que podría llevar años.

Ben Affleck en una imagen reciente por las calles de Los Ángeles.
Ben Affleck en una imagen reciente por las calles de Los Ángeles. cordon press.

"Ben no sabe estar solo", ha comentado a 'People' una fuente cercana a Jennifer Gardner (45) después de que se hiciera pública la relación que su exmarido, Ben Affleck (44), tiene con la productora de televisión Lindsay Shookus. Y la misma fuente ha seguido largando.

¿Pensaban que la crisis entre ambos actores se inició por la cacareada relación de él con la niñera? Pues no. Ahora resulta que el matrimonio empezó a tambalearse cuando ella descubrió el lío de él con Shookus en 2015. Gardner hasta se enfrentó con ‘la otra’ para que le dejara. La productora se negó. Ellos lo niegan todo. Ambos dicen que eran solo buenos amigos y no hubo nada entre ellos hasta hace tres meses.

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Lo que sí que parece claro es que Ben, en efecto, no sabe estar solo. Basta ver su historial y cómo, desde 1997, ha ido empalmado una relación con otra. Su primera novia famosa fue Gwyneth Paltrow. Él era el chico de moda. Acababa de ganar un Oscar por el guion de El indomable Will Hunting y ella venía de romper con Brad Pitt.

Su mujer ideal sería "algo así como una 'streaper' alguien que sirva cervazas en biquini"

Aguantaron tres años, con sus idas, venidas y mil problemas. "En esa época, Ben no estaba preparado para una relación seria", contó Paltrow mucho después. En su momento, y en caliente, fue mucho más cruda y aseguró que, para él, la mujer ideal era "algo así como una 'streaper', alguien que sirva cervezas en biquini". Y es que, Affleck siempre ha tenido fama de juerguista. De hecho, pocos meses después de acabar con Gwyneth ingresó en una clínica de rehabilitación por su adicción al alcohol.

Las 'Jennys' de su vida

Y de la sofisticada Gwyneth pasó a Jenny, la del barrio. O sea, Jennifer Lopez. O 'Jenny From the Block', tal y como decía ella en la canción del mismo título. El vídeo estaba protagonizado por ambos y era una gran muestra del exhibicionismo y de todos los excesos de esa relación: se besaban en la intimidad de su hogar, les perseguían los paparazzi y, lo más recordado, él masajeaba y besaba el trasero de Jenny en la cubierta de un barco.

Aunque, ¿qué se podría esperar de una relación que empezó con él publicando un anuncio en el que elogiaba "la amabilidad, diligencia, humildad, elegancia de espíritu, empatía, increíble talento, verdadera gracia…" de ella? La cosa acababa con esta frase: "Solo deseo ser lo suficientemente afortunado para trabajar en todas tus películas".

Semejante despliegue les convirtió en el hazmerreír de Hollywood e hizo que el matrimonio de ella, casada con Cris Judd, saltara por los aires. El peor exceso, sin embargo, fue el retrete con diamantes, valorado en más de 100.000 dólares, que dicen que él le regaló.

La pareja cortó tres días antes de la boda. Ella, muchos años después, contó que Ben había sido "el primero que me rompió el corazón". Lo que no evitó que a los tres días, literalmente, buscara consuelo y encontrará otra vez el amor junto a Marc Anthony.

Tampoco el actor tardó demasiado en saltar a los brazos de otra Jennifer. Esta vez, Gardner. A su lado halló la estabilidad. Se casaron y formaron una bonita familia. Tenían tres hijos y parecían la pareja perfecta. Él encauzó su carrera, que tras su affaire con JLo, había quedado maltrecha. Incluso, consiguió otro Oscar por 'Argo' y, solo de vez en cuando, surgían rumores sobre su ludopatía –que él siempre ha negado– o se producía algún incidente, como cuando le prohibieron que siguiera jugando al 'blackjack' en Las Vegas, porque le acusaron de hacer trampas.

En 2015 se anunció el divorcio y pensamos que era por culpa de la niñera. Volvieron, trataron de reconciliarse, él ingresó en rehabilitación… Pero no pudo ser. Tampoco su aspecto parece tener arreglo. Los excesos, los kilos de más y la cirugía estética han acabado, quizá para siempre, con su imagen de yerno perfecto.

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