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Marta Ortega, preparada para el gran salto

La hija de Amancio Ortega está preparada para llegar a lo más alto. Estos días ha presenciado su primera junta de accionistas y se ha dejado ver en Casas Novas, el centro hípico que su padre construyó en La Coruña.

Amancio Ortega con su hija Marta y el novio de esta, Carlos Torretta, en el centro hípico de Casas Novas.
Amancio Ortega con su hija Marta y el novio de esta, Carlos Torretta, en el centro hípico de Casas Novas. gtres

Un halo de misterio envuelve a la familia Ortega. Como la bruma gallega que circunda Arteixo en los días nublados, la discreción rodea todo lo que tenga que ver con Amancio Ortega y los suyos. Pero algo está cambiando. Durante años, casi hasta la salida a bolsa de Inditex fue imposible encontrar una imagen del empresario. Ahora, las cosas son diferentes, aunque no demasiado.

A sus 81 años, Amancio sigue manteniendo esa vida discreta que tanto le gusta en La Coruña. Solo se deja ver un par de veces al año y casi siempre coinciden con uno de los eventos importante para la familia: el concurso de saltos de Casas Novas, el hipódromo que él mandó construir en Larín, una pedanía de Arteixo, donde se ubica el centro neurálgico del universo Inditex.

Su hija Marta (33) tampoco es amiga de la fama, pero ha aprendido a vivir con ella y, aunque permaneció en un segundo plano durante años, en los últimos tiempos es la más visible de todos los miembros del clan Ortega.

La tercera de hijos de Amancio, la única de su matrimonio con Flora Pérez, está llamada a ser la heredera del imperio. La 'zariña', como la han bautizado algunos medios. Y ella, igual que su padre, mantiene silencio. Nunca ha concedido una entrevista y nadie espera que lo haga, por lo que cada uno de sus movimientos es interpretado como un acercamiento al trono textil.

Hace unas semanas, el gesto fue inocuo, pero significativo. Marta asistió por primera vez a la junta general de accionistas de Inditex. Puede hacerlo sin necesidad de explicaciones, como trabajadora y accionista del grupo que es, pero este paso hace que alguno vislumbre ya la cercanía del siguiente escalón: convertirse en consejera, como lo es su madre. Desde luego, preparada para ello está.

Educada en España y Suiza, estudió empresariales en La Coruña y Londres y ha recorrido cada escalafón de la empresa. Empezó doblando camisetas en un Bershka de la capital británica y conoce el recorrido que siguen las prendas hasta que llegan a las manos de los clientes. Desde hace años, trabaja en Zara Woman en la central de Arteixo, aunque es frecuente que viaje de un lugar a otro del mundo controlando algunas de las producciones de moda. De hecho, en uno de esos viajes, gracias al fotógrafo de moda Mario Sorrenti descubrimos que también tiene perfil en las redes sociales, aunque, como era de esperar en ella, su cuenta de Instagram es privada y solo 700 personas tienen el privilegio de ser sus seguidores.

Como ven, apertura sí, pero no exhibición. Porque tampoco es frecuente verla en actos sociales. Solo la hípica, un mundo que le apasiona desde pequeña, es capaz de ponerla ante los focos. Dicen que fue su pasión por el mundo ecuestre lo que hizo que su padre construyera el hipódromo de Casas Novas, un espacio creado en el año 2000 que comenzó como la expresión de una afición, pero que ahora cuenta con un concurso que ya es parte del circuito internacional de saltos.

Suele haber dos ediciones de su torneo al año: una en invierno, que cuenta con los jinetes de mayor renombre, y otra en verano, con buenos jockeys, aunque en menor número, ya que suele coincidir con otras citas europeas. La última edición del concurso en la localidad gallega de Larín tuvo lugar entre el 28 y el 30 de julio, y congregó a infinidad de rostros que no solo tienen algo que ver con el mundo de los equinos, sino también, en muchos casos, con la alta sociedad.

Marta y los caballos

Como era de esperar, no faltaron los Ortega. Acudieron al completo. Si obviamos a Sandra y Marcos, los dos hijos mayores de Amancio, que permanecen apartados de la vida pública, en Casas Novas estaban todos. Amancio, que por una vez aparcó la eterna camisa blanca que acostumbra a vestir; Flora, sonriente, y Marta, artífice de ese sueño ecuestre, con el pequeño Amancio en brazos y con Carlos Torreta, su novio. Les acompañaba Pablo Isla, CEO de Inditex, con su familia. Todos unidos, relajados.

Marta ha dejado de competir. Lleva seis meses sin hacerlo y, de momento, parece que se trata de una decisión temporal, aunque solo ella sabe si será definitiva, ya que tampoco se conocen los motivos. Pero haberse bajado de la montura no impide apoyar el torneo. De hecho, la mujer llamada a heredar Inditex fue la primera en llegar a Casas Novas la mañana del sábado para asistir al torneo.

Inditex es uno de los patrocinadores de un evento en el que marcas de alto standing, como la automovilística Lexus y la de relojes Longines, también tienen su espacio... y su mercado. Porque el público que acude a la cita, en gran medida, goza de un alto poder adquisitivo y de buena posición social, aunque allí nadie haga mención a ello.

La moderación es la consigna que parece dominar en el ambiente en los círculos hípicos y eso que las cifras que se manejan en la compra de caballos a ese nivel superan en algunos casos las seis cifras. La familia Ortega, conocida por su gusto por la discreción, cercana al hermetismo, encaja a la perfección en un mundo en que se mueven las grandes fortunas, pero no hay ostentación.

Y fieles a ese espíritu de mesura, en Casas Novas todo se desarrolla con la cercanía de sentirse entre iguales y de saber que todo está bajo control: desde el trato a los caballos, al aforo. Nadie importuna a los rostros conocidos. Evidentemente tampoco a Ortega. Nada allí está hecho al azar. Tampoco su última aparición en escena. Como cada puntada que dan –por algo son dueños de un imperio textil– su última aparición también viene con hilo.

Amancio y Flora, cuya relación con Marta es excepcional, paseaban por el centro ecuestre con su hija. Se ven a diario y se sienten cercanos. De hecho, aseguran que Marta guarda un gran parecido con su madre, Flora Pérez, de 62 años, que comenzó como dependienta en Zara y, a día de hoy, es consejera del grupo. Con Amancio la relación es igual de estrecha. Así lo hemos comprobado estos días, en los que hemos podido ver una faceta desconocida del empresario: la de abuelo dedicado con su nieto Amancio, con quien jugó en el hipódromo.

nada al azar en casas novas

En esta edición del concurso, en Casas Novas se alzaba una tienda de Inditex construida ex profeso para la ocasión. De las nueve firmas que conforman el grupo, la elegida fue Massimo Dutti. Quizás, porque se encarga de vestir a Marta cuando compite. Y, cómo no, también fue la escogida por Marta para acudir ese día al torneo de saltos. La hija de Amancio lucía un vestido vaporoso de color azul noche y manga larga que cualquiera de los asistentes podría haber comprado, porque la prenda estaba allí, unos metros más atrás, destacada entre pantalones y chaquetas de la firma, al mismo coste –99,95 euros– que podría encontrarse en cualquiera de sus establecimientos.

Marta paseaba y sonreía a todo el que se acercaba. Está en un buen momento tanto en lo profesional como en lo personal. Carlos Torretta, su novio desde hace algo más de un año y medio, parece haber llegado a su vida para quedarse. El hijo del diseñador Roberto Torretta ya es uno más dentro de la familia y parece mantener una relación más que envidiable con su futurible suegro y con el pequeño Amancio, nacido del matrimonio entre Marta y del jinete Sergio Álvarez Moya.

He aquí otro un vínculo con el mundo ecuestre, un ambiente en el que se encuentra cómoda. Pero no es el único. Con Torretta se deja ver más, aunque no mejor. Marta sigue escogiendo con mimo sus apariciones públicas. El pasado mes de junio ejerció de anfitriona en un desfile de la firma en el palacio de Linares de Madrid. De nuevo un acto relacionado con el trabajo y, esta ocasión, con ella como cabeza visible. La 'zariña' ya está lista para comenzar una nueva era en Inditex con más visibilidad, aunque la discreción siga, como la bruma del Atlántico, reinando en el imperio textil.


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