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Bogart, el ajedrez y el FBI

El actor jugaba sus partidas por correspondencia, los símbolos que empleaba llamaron la atención del FBI.

Humphrey Bogart y Lauren Bacall en una de sus fotos cuando eran pareja.
Humphrey Bogart y Lauren Bacall en una de sus fotos cuando eran pareja. gtres

Fianchetto, que significa pequeño flanco, es un término que en ajedrez indica una forma de mover el alfil. También es el título de un libro del mexicano Hugo Vargas. ‘Fianchetto’ reúne una serie de crónicas sobre aficionados al ajedrez. Y sobre  maestros.

De Rousseau a Duchamp, pasando por Kubrick, Lenin, Chaplin o Fischer. También habla de Humphrey Bogart (y de Lauren Bacall, que no era mala jugadora). Para el actor, las cuatro cosas más importantes eran la familia, el cine, la navegación y el ajedrez.

En la época de McCarthy y la Caza de Brujas, el FBI tenía un expediente sobre el actor de más de cinco centímetros. Bogart jugaba partidas por correspondencia.

La jugada se envía con unos símbolos que a los legos en ajedrez le pueden parecer extraños, así que agentes del FBI se presentaron en su casa para preguntar por esos mensajes. Como si estuviera preparando el desembarco del comunismo en Estados Unidos con el movimiento de un caballo

Otra criada desgraciada

Una de las escenas de la serie 'El cuento de la criada'.
Una de las escenas de la serie 'El cuento de la criada'.

Otra serie basada en un libro de Margaret Atwood. Aunque en esta ocasión la escritora canadiense no se inventó una historia loca y distópica (‘El cuento de la criada’).

Esta vez basó su novela en un personaje real de su país. Otra criada, eso sí. ‘Alias Grace’ es la historia de Grace Marks (1928-1873), nacida en el Ulster e inmigrante en Canadá. Una sirviente condenada junto a un mozo de cuadra por el asesinato del patrón y del ama de llaves.

Fue una condena polémica, con muchas dudas sobre su autoría. En la miniserie de Netflix, de seis episodios, vemos a Grace (Sarah Gadon) años después mientras cumple cadena perpetua y es tratada por un psiquiatra, que intenta acceder a sus recuerdos del homicidio.

Sarah Polley (la protagonista de ‘Mi vida sin mí’, de Coixet) adapta y produce la serie dirigida por Mary Harron.

Veneno en 13 relatos

Carátula de la novela de Margaret Drabble ('Un día en la vida de una mujer sonriente').
Carátula de la novela de Margaret Drabble ('Un día en la vida de una mujer sonriente').

La escritora Margaret Drabble es hermana de la novelista A. S. Byatt, pero, como pasaba con Olivia de Havilland y Joan Fontaine, no se tratan. ‘Un día en la vida de una mujer sonriente’ (Impedimenta) son los relatos completos escritos durante 40 años por Drabble, también autora de 17 novelas y considerada heredera de Austen, Woolf, Iris Murdoch o Doris Lessing.

Como si no se pudiera ser heredera de escritores hombres. Es verdad que en sus relatos hay muchas mujeres. Esposas sin maridos, madres, hermanas, científicas que deciden no teñirse ya el pelo (y esto probablemente no lo escribiría un hombre).

O una investigadora que ha recibido el Nobel por el descubrimiento del ‘gen de la vanidad’. En los 13 relatos de Drabble hay ironía, personajes que rozan la locura y vuelven a la casilla de salida un poco tocados.

Su escritura sobre la condición femenina es penetrante y, a la vez, da mucha risa. Drabble es venenosa. Y esto, claro, es bueno.

Esto es el cine

Cartel de la película dirigida por Thierry Frémaux ('Lumiere').
Cartel de la película dirigida por Thierry Frémaux ('Lumiere').

Los hermanos Lumière inventaron el cine. Y además eran unos artistas. Eso es lo que demuestra Thierry Frémaux en ‘Lumière! Comienza la aventura’, una película prodigiosa que reúne 108 películas de los hermanos franceses (de las 1.417 que se conservan).

Frémaux es el delegado general del Festival de Cannes y director del Instituto Lumière de Lyon, donde se salvaguarda el legado. Donde se restaura. Por eso vemos películas tan conocidas como ‘Salida de los obreros de la fábrica’ o ‘El regador regado’ con una calidad que no conocíamos.

Las películas duran 50 segundos y están agrupadas por temáticas, con la locución del propio Frémaux que, a veces, provoca carcajadas. El montaje resultante es didáctico, pero eso no molesta. Atrapa como si no hubiéramos visto nunca una película.

Escribió Oti Rodríguez Marchante que el espectador del siglo XXI, harto de imágenes, se enfrenta a esta película como si viera cine por primera vez. Quizá sea un poco exagerado, pero esa es la impresión.

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