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Boris Izaguirre: "Mi madre nos enseñó a morir con respeto"

El presentador y escritor venezolano Boris Izaguirre nos recibió en el plató del programa que presenta en Miami para hablar sobre su apoyo en favor de la lucha contra el cáncer y el sida y su experiencia con la enfermedad.

Boris Izaguirre nos recibe en el palto de '¡Suelta la sopa!', en Miami.
Boris Izaguirre nos recibe en el palto de '¡Suelta la sopa!', en Miami. salvador prieto.

En agosto pasado supe que Boris estaría en Marbella para presentar la gala de la Asociación Española Contra el Cáncer. Le llamé para tratar de vernos, pero me dijo que llegaba la misma tarde del evento y volvía a Miami a primera hora de la mañana.

Entre risas, le comenté que con tanto ir y venir, iba a tener que ser yo quien volara a su encuentro. Pensó que iba de farol.

Corazón Y, sin embargo, aquí estamos, en el plató de Telemundo donde se realiza, desde Miami para todo EE.UU., el programa Suelta la sopa. ¡Vaya expresión!...

Boris Izaguirre Es una manera de hablar mejicana, coloquial, porque aunque este es un medio de comunicación estadounidense, va dirigido al público latino, en su mayoría mejicano. Esa frase, suelta la sopa, es, en realidad, desembucha, cuéntalo.

C. ¿Y lo sueltan todo?

B.I. Todo aquello que tiene que ver con personajes vinculados a la farándula o el show business mejicano, que también sean conocidos en este lado, que su popularidad haya llegado a los EE.UU. Nuestro público se ha traído con ellos una parte importante de su cultura. Nosotros somos un vaso comunicador.

C. ¿Qué tal le tratan aquí?

B.I. Extraordinariamente. Estoy feliz. Me siento agradecido, maravillado y encantado de poder abordar un universo que no es con el que yo he nacido, ni con el que he convivido durante todos estos años en España. Las noticias de entretenimiento son complicadas porque muchas veces se cruzan fronteras. Este programa ha conseguido, con cierta ortodoxia informativa, dejar espacio para el humor y así, quitar hierro a muchos de esos temas.

A veces es mejor que la gente no sepa muy bien cómo eres"

C. ¿Qué vida hace aquí? ¿Tiene tiempo para escribir?

B.I. Acabo de terminar aquí mi última novela: 'Tiempo de tormentas', que se publica el 13 de marzo. Yo pensaba que la iba a terminar en mucho menos tiempo, pero al final se convirtió en un gran laberinto, en una tortura de casi cuatro años.

C. ¿Por qué?

B.I. Porque es como si fuera una primera novela que está escrita desde dentro, expulsada desde el estómago, desde la entraña. Tuve que revisar muchas cosas porque es, básicamente, la relación extraordinaria que mantuvimos mi mamá y yo durante toda su vida. Los vericuetos por los que atravesó ese amor la hicieron complicada de recuperar.

C. Ya que habla de su madre y siendo esta una entrevista solidaria, me gustaría señalar que, por causas como la del cáncer, no duda en coger un avión, viajar durante ocho o nueve horas y tomar otro de vuelta al día siguiente y desandar el camino.

B.I. Me siento muy comprometido con el cáncer porque mi mamá, durante todo el año de su enfermedad, luchó mucho por hacernos entender cómo hay que asumir y enfrentarse a la enfermedad. Ella, al tratarse de algo tan atroz, que trastorna y afecta tanto a la familia, nos pidió que tuviéramos la solidaridad de dejarla hacer lo que ella considerara. Fue duro. Me va a costar recordarlo. Yo le dije: "Mamá, tú eres la que está enferma y yo no puedo ponerme en contra de nada de lo que tú hayas dispuesto". Ella había decidido hacer un protocolo homeopático y teníamos que respetarlo. Quería que aprendiéramos a morir con respeto. Cuando fue entendido y aceptado por todos, nos enseñó esa otra parte de la vida que es despedirse. Fue increíble cómo convirtió los días en jornadas de 26 o 28 horas solamente para que le diera tiempo a terminarlo todo. Yo, en solidaridad con todos los que tienen un enfermo de cáncer, estoy muy a favor de hacer lo que sea por la investigación. Hay que recaudar lo máximo posible para ello. No sabemos si conseguiremos erradicarlo, pero debemos intentarlo.

Ana García Lozano junto a Boris Izaguirre en el plató de '¡Suelta la sopa!'
Ana García Lozano junto a Boris Izaguirre en el plató de '¡Suelta la sopa!'

C. Hay otra fundación que sabe que puede contar con usted siempre. Se trata de la Fundación Lucha Contra el Sida...

B.I. Miguel Bosé tuvo una reunión con la fundación y quedó tan tocado, que se convirtió para él en una cruzada. Nos llamó a unos cuantos amigos para que hiciéramos algo. Muchos de nuestra edad hemos visto morir a mucha gente, porque hemos convivido con esta epidemia. Mi mamá me dijo una vez: «Boris, tú has estado yendo al cementerio por toda una generación». Le contesté: «Mamá, es que se están muriendo mis amigos». Yo quería hacer algo más que ir al cementerio. En Latinoamérica sigue siendo una epidemia importante, con ramificaciones, porque sigue existiendo una reprobación moral por la supuesta conducta de las personas que se infectan. Por eso la solidaridad es casi triple, por la recaudación, el deseo de que se encuentre la vacuna y la reeducación de la conciencia de gente más joven para que sepan que la condición de cada uno no es reprobatoria. Y tenemos que continuar, porque todavía sigue existiendo un gran desconocimiento del alcance y el peligro de la enfermedad

C. ¿Qué es la solidaridad para usted?

B.I. Es un abrazo y un compromiso. Volviendo a mi mamá, ella fue profundamente solidaria conmigo, porque siendo joven y sin apoyos, tuvo que lidiar con que yo no solo era diferente sino que, además, acarreaba un problema psicomotor que para ella, como bailarina, tuvo que ser chocante, por eso siempre me pongo a llorar cuando lo recuerdo. Su cuerpo era algo más que un instrumento, para ella era todo. Por eso, ver que su hijo tenía ese fallo… Siempre me ayudó a tener la vida que consideraba que me merecía. Eso es solidaridad.

C. Sigue usted emocionándose al recordarlo..

B.I. Muchísimo, sí… Sobre todo porque la novela tiene un fin solidario. Siempre he pensado que hay muchas mamás, como la mía, que se tienen que enfrentar a que la sexualidad de su hijo pueda ser algo que continúe siendo, de manera injusta, un tema de conversación y preocupación. Ese fue el principio del libro. Pensé: esta increíble experiencia que vivimos mi mamá y yo a lo mejor sirve de experiencia a otras madres.

C. ¿Cree que la gente sabe cómo es Boris Izaguirre? O quizá es que hay muchos Boris.

B.I. Creo que a veces es mejor que la gente no sepa muy bien cómo eres. Yo sí sé cómo soy.

C. ¿Y cómo es?

B.I. Una especie de montaña rusa (risas). Tengo muy claro siempre lo que quiero decir, por eso creo que me ha ido tan bien en la televisión, en la radio, escribiendo.

C. Yo diría que es un gran malabarista porque sabe, y no es fácil, moverse perfectamente entre el mundo intelectual, a veces un poquito 'snob', y ese otro mundo de la televisón y del 'showbussines'.

B.I. Has dado en el clavo. En casa de mis padres, donde se recibía a mucha gente y había debate y conversación, un día empezaron a criticar a un amigo: José Ignacio Cabrujas, porque pasó de ser el gran dramaturgo a escribir telenovelas de un inmenso éxito. Yo veía cómo lo criticaban con envidia. Le defendí, preguntando: «¿Por qué no hacen ustedes lo mismo?». Ahí empecé a racionalizar que yo tenía que estar del lado de la televisión, de la gente. Una lucha complicada.

Creo que es mejor vivir en equilibrio que quedarte en un solo sitio"

C. Por eso digo que en cierto modo le veo como a un funambulista.

B.I. Es que yo iba al circo a ver a los equilibristas, a los trapecistas…. Me fascinaban, para mí eran dioses. Creo que es mejor vivir en equilibrio que quedarte en un solo sitio. Esa ha sido la marca de mi vida. Por eso, cuando vi que las cosas no iban bien en Caracas, acepté una oferta de trabajo milagrosa en Santiago de Compostela, donde conocí a Rubén y me quedé en España. Cuando surgió la oferta en Miami, también dije que sí. Yo prefiero estar sobre la cuerda floja. Creo que es un lugar donde me muevo bien.

C. ¿Y a su país de origen, Venezuela, no va usted nunca?

B.I. Mi papá sigue allí, no hay manera de que cambie de opinión. Lo último que mi mamá nos planteó fue: "¿En qué momento este país se convirtió en lo que es?". A ella le molestaba pensar que había nacido en una dictadura y que había atravesado 82 años para morir en otra. Es una gran injusticia. Yo no puedo hacer más. Es un país secuestrado. Hace 26 años decidí no estar más allí y tengo que ser consecuente con mi decisión.

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