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Por qué el mito de Lady Di sigue vivo (20 años después de su muerte)

Un repaso a la vida de cuento sin final feliz de la 'reina de corazones' que nunca reinó en el corazón del príncipe.

Pincha en la imagen para ver los 10 looks más icónicos de Lady Di
Pincha en la imagen para ver los 10 looks más icónicos de Lady Di GETTY

El 31 de agosto de 1997 moría Lady Di en París, en un accidente de coche aún rodeado de incógnitas y silencios, junto a su novio, Dodi Al Fayed. Fue en el Puente del Alma, a orillas del Sena, dicen que por una alocada persecución de paparazzi que querían inmortalizarla de madrugada junto al hombre que parecía haberle devuelto esa sonrisa tímida que perdió en su matrimonio con el Príncipe de Gales, aunque solo fuera de cara a la galería.

Foto: GETTY
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La muerte de Diana es uno de esos recuerdos de mis veranos de primera adolescencia en la sierra que tengo grabados: me veo a mí misma delante de la tele, interesadísima en todo lo que contaban en 'Extra Rosa' (aquella crónica de sociedad que hacían Ana Rosa Quintana y Rosa Villacastín), sin importarme lo más mínimo que ese día hubiera programa especial y no emitieran esa serie que tanto me gustaba. Les dije a mis amigos que iba a ir más tarde a la piscina. La verdad es que no sé por qué me interesó tanto, ni por qué lo tengo aún guardado en la memoria, pero aquel día estaba impresionada. Quizá es una manera de explicar que Lady Di ya era entonces un icono hasta para una niña de 12 años, y que aquella madrugada que empezaba a poner fin al verano del 97, el icono se convirtió en mito.

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Así se crea un mito: el nacimiento de la 'reina de corazones'

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Diana Spencer se convirtió en Diana de Gales en 1981. Su historia con Carlos de Inglaterra tenía todos los ingredientes para ser un cuento de hadas, con su joven y bella plebeya enamorada del Príncipe, la magia de palacio, la pompa y el boato de la corte, un vestido de novia inolvidable, una boda histórica... y también con sus brujas. Sí, dos a falta de una, porque Isabel II nunca la vio como una digna sucesor a en el trono, y Camila Parker siempre fue la única reina del corazón de Carlos. Ambas fueron apagando una chispa que, dicen, nunca saltó en el matrimonio. Ni en la noche de bodas.

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Mientras Diana perdía el corazón de Carlos, si es que alguna vez lo tuvo, se ganaba el del pueblo, y eso incomodaba en Buckingham. La 'reina de corazones' era más popular y querida que la todopoderosa Reina de Inglaterra; los desplantes que se hacían desde palacio a Lady Di dolían en plural. Y, por supuesto, la prolongada infidelidad de Carlos con Camilla (ahora de Cornualles) hicieron que los cuernos le crecieran no solo a la Princesa de Gales, sino a sus millones de incondicionales en todo el mundo.

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Ella, mientras, sonreía tímida, con esa mirada caída y esos looks que la convertirían en la primera 'it girl' británica cuando aún no sabíamos que era eso y Kate Moss, Cara Delevingne o Alexa Chung ni estaban, ni se las esperaba. Lady Di se iba de vacaciones a Marivent no porque estuviera enamorada de Mallorca, sino para huir de Balmoral; la pillaban en topless en Málaga y con una llamada evitaba que las fotos se publicaran en las revistas de crónica social; se implicaba en todas las causas solidarias que podía y se fotografiaba junto a la Madre Teresa de Calcula o Nelson Mandela; se desvivía por sus hijos, pero también retozaba con su amante, el capitán de caballería James Hewitt, con beneplácito del público.

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La venganza de Lady Di era la de todas nosotras

Cuando por fin puso fin a la pantomima con Carlos de Inglaterra, le despojaron del título de Princesa y le dejaron en usufructo las joyas de la corona que le habían regalado. Más feos a la pobre Diana, más razones para quererla.

Foto: Getty
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¿Por qué nadie la quiere?, nos preguntábamos. Los cuernos con Hewitt no fueron más que eso, y terminaron al tiempo que su matrimonio; después de dos años de relación, Diana quiso casarse con el cirujano pakistaní Hasnat Kahn, pero él no estaba dispuesto. Y después, llegó Dodi al Fayet.

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Dicen que lo suyo con Dodi fue una puesta en escena pletórica. Digna de Oscar y Globo de Oro. Dicen también que el director de la película era el magnate Mohammed al Fayet, que quería emparentar con la aristocracia europea su apellido a través de su hijo excocainómano y 'adicto' a la fiesta. A Lady Di el estreno le venía de lujo: ¿qué mejor que dar en las narices a los Windsor (y a Carlos y a Camilla) que aireando un 'affaire' de portada con un nuevo rico egipcio y plebeyo? No podíamos olvidar que Diana seguía siendo la madre del heredero de la tradicional corona británica. Y esto, en Buckingman, escoció como alcohol en una herida abierta.

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Sin embargo, como todos los cuentos que protagonizó Diana, este tampoco terminó con un banquete de perdices ni con los rótulos de 'happy end'. 20 años después de su muerte, aún no sabemos quién avisó a los paparazzi que se cruzaron bruscamente en su camino en el Puente del Alma de París, mientras volvía a la suite imperial del Ritz junto a Dodi al Fayet. Ya nunca sabremos si de verdad se querían, o todo formaba parte de un guión. Las teorías conspiratorias sobre la muerte de Lady Di (y todo lo que la rodeó) siguen vivas, y eso solo ocurre con los mitos.


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