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Querer es poder

Cristina Morató

Los deportistas de los Juegos Paralímpicos son una lección de vida con sus historias de superación.

He seguido estos días los Juegos Paralímpicos de Río y pienso cuantas historias de superación hay detrás de estos deportistas que nos asombran con sus desafíos. Algunos no han podido alcanzar la medalla soñada, pero son una lección de vida. Brasil nos ha dejado imágenes que quedarán grabadas en nuestra retina. Me fijo en ellas, en las deportistas paralímpicas, ejemplo de valor y esfuerzo, ya no solo por conseguir el éxito personal sino también por alcanzar la igualdad en la competición de élite.

Emociona ver a la atleta belga Marieke Vervoort alzarse con la medalla de plata en los 400 m. Tiene 38 años y sufre una enfermedad degenerativa para la cual los médicos no han encontrado un diagnóstico preciso. Todo empezó con una dolorosa inflamación en un pie, que se extendió a las rodillas. A los 20 años dependía de una silla de ruedas y tuvo que abandonar los estudios. Se sometió a varias operaciones sin resultado y, al perder por completo la movilidad del tren inferior, se volcó en el deporte.

Empezó por el baloncesto y el triatlón hasta que llegó al atletismo. En los Juegos de Londres ganó tres medallas y batió todos los récords. Desde entonces, ha entrenado duro para enfrentarse en Río a un nuevo reto. Marieke sufre intensos dolores musculares, ataques de epilepsia y reducción de la vista, pero todo ello no le ha impedido conseguir la plata. En estos días se ha publicado que se sometería a la eutanasia tras los Juegos.

Fue un mal entendido. Aunque piensa retirarse de la competición porque su enfermedad dificulta cada vez más su recuperación, aún no ha tomado ninguna decisión. Bélgica permite la eutanasia en casos de enfermedad irreversible o sufrimiento insoportable. Desde 2008, la atleta tiene firmados los documentos por si llega este momento, pero mientras está volcada en dar conferencias y animar a la gente con su ejemplo.

"Querer es poder" es el grito de guerra de Teresa Perales, que refleja como nadie el espíritu de lucha, valentía y tenacidad. A los 19 años su vida dio un giro inesperado al perder la movilidad de las dos piernas por una neuropatía. Tras unos meses muy duros, asumió que había perdido la capacidad de andar. Pero no se dejó vencer. Aprendió a nadar y en un año empezó a competir. En los Juegos de Sidney (2000) comenzó a labrarse su leyenda y desde entonces no ha dejado de ganar medallas y reconocimientos. Llegó a Río con el sueño de igualar a Michael Phelps, el mejor nadador de todos los tiempos.

Aunque no lo ha conseguido (se ha quedado a dos medallas), Teresa regresa a casa con un oro y tres platas, y suma 26 medallas en su palmarés, lo que la convierte en la deportista española más laureada. Es una mujer excepcional, de sonrisa contagiosa y madre de un niño. Compagina su trabajo de deportista de alto nivel con conferencias y seminarios, donde cuenta su experiencia vital y trata de trasmitir que los sueños son posibles. Viendo su trayectoria, nadie lo duda.