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Adulting: ¿madurez de quita y pon?

La generación millennial ha inventado una manera irónica de referirse al trabajo que conlleva hacerse mayor: adulting, una etiqueta que aglutina actividades como hacer la compra o cocinar.

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Madrid

Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde", escribía el poeta Gil de Biedma, pero parece que cada vez son más los que prefieren postergar ese momento en que no queda más remedio que hacerse cargo de uno mismo (y sí, plancharse la camisa). A una tendencia (la de los países mediterráneos) de tardar en irse de casa, se ha sumado en los últimos años la cruda realidad de un mercado laboral hostil con los jóvenes.

En España, nos íbamos de casa a los 28,9 años. La media europea se sitúa en los 26,1 años, pero tras la crisis, y según el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, el 27 por ciento de los jóvenes que se habían emancipado volvieron a la casa de sus padres por motivos económicos. En Estados Unidos, el país donde apareció el término que hoy nos ocupa, adulting, el 32,1 por ciento de los adultos de entre 18 y 34 años sigue viviendo con sus padres, una cifra que no superaba el 20 por ciento en la década del 60, según una encuesta del Pew Research Center.

No parece casual que en medio de la explosión de la enésima burbuja con su subsiguiente crisis económica haya surgido un hashtag, una etiqueta tras la que agazaparnos: adulting, que describe el hecho de hacerse adulto como un hobby o una elección en lugar de como algo que acabará pasando irremediablemente. Por ejemplo, en Twitter se pueden leer cosas como: "Cosiendo el bajo de unos pantalones adulting"; "Comprando papel higiénico en tamaño familiar adulting"; "Haciéndome la cena sin abrir una lata de atún adulting"...

Comportarse como un adulto es un episodio tan exótico que merece ser anunciado y jaleado en las redes sociales. Porque, efectivamente, si todas las habilidades culinarias de una persona se resumen en abrir una lata de atún, cualquier plato que implique encender la cocina y un tiempo mínimo de cocción supone un crecimiento personal digno de ser mencionado en los sitios donde nos autopromocionamos con gracia y soltura: Twitter, Facebook o Instagram. Según la American Dialect Society, adulting fue el término mas creativo en 2015 y en Twitter su uso se incrementó un 700 por ciento.

Describen hacerse adultos como un hobby o algo elegido de lo que "se puede salir"

Ese año, la consultora Brandwatch, que asesora a varias marcas de moda, descubrió que la palabra se había mencionado 642.000 veces en las redes sociales, por lo que recomendó a sus clientes que exploraran el anhelo de los millennials por comportarse como adultos a tiempo parcial. Aunque, otros expertos de la lengua que han analizado el término advierten de que su función, en realidad, es poner distancia con los verdaderos adultos.

Es decir "hacerse el adulto" y anunciarlo a bombo platillo implica que uno no tiene nada que ver con aquellos que deben comportarse de esa manera todos los días de su vida. Es decir, los auténticos. "Presumir de adulto es mejor que fardar de otras cosas -tercia la psicoanalista Mariela Michelena-. Al menos esconde algún valor, es como gritar a los cuatro vientos: mira lo mayor que me estoy haciendo".

Si quieres parecer uno de ellos...

  1. Crea un mantra con las iniciales de todo lo que debes llevar contigo al salir de casa. Por ejemplo, Tel-Lla-Car (teléfono, llaves, cartera) y repítelo en voz baja para que nada se te olvide. Cada quien debe crear el suyo.
  2. Aprende a guardar la ropa. Los pantalones y las camisas que te gustan mucho merecen estar colgadas en una percha. También las chaquetas y, en general, todas las prendas que se coloquen sobre los hombros. Los jerseys deben doblarse en un cajón. Nunca lo cuelgues.
  3. La información importante no debe estar nunca apuntada en papelitos ni post its. En general tienes un margen de dos minutos para pasar esos datos un soporte más seguro, por ejemplo, el teléfono, una agenda, el ordenador, incluso un Whatsapp que te envíes a ti mismo. De lo contrario, se perderá.
  4. Aunque no tengas la culpa, hay cuestiones que pueden ser asunto tuyo, así que no las evites, cosas que caen en tu esfera de competencia, aunque no las hayas provocado tú. A veces, lo único que importa es que el problema se solucione cuanto antes y no el culpable.
  5. Ten más de un desodorante. Uno en casa, otro en el coche y en la oficina.
  6. Aprende a disculparte cuando haga falta. Ejércelo hasta que te acostumbres. Sé sincera y di lo que piensas. Arrepiéntete de verdad.
  7. Compra el papel higiénico en packs familiares. Ahorrarás dinero y está claro que siempre lo acabarás usando todo.
  8. No dramatices. Si a la mínima te imaginas el peor escenario, probablemente estás equivocada: seguro que no tienes un cáncer terminal ni tu pareja está liado con otra. Tampoco es probable que te despidan.

Para Michelena, la reticencia a asumir compromisos vitales y el retraso de la paternidad y la maternidad explican este fenómeno con más claridad incluso que las sucesivas crisis económicas. "Los hijos te obligan a ser adulto, te pongas como te pongas. Hasta entonces, todo puede esperar y siempre hay un repuesto para todo y para todos", reflexiona. Las definiciones de adulting que proporciona la revista American Speech hablan de "implicarse en actividades propias de los adultos".

Léase, cocinar, quedarse en casa la noche de un viernes, hacer la declaración de la renta a tiempo, arreglar un grifo, no perder el móvil una noche de fiesta, o beber agua en lugar de cerveza para aliviar la resaca. Los más críticos con el término creen que esconden el deseo de los millennials de ser aplaudidos por asumir, de vez en cuando, las riendas de su vida. En lo que todos coinciden es en que hacer un adulting es solo una excursión al territorio de la responsabilidad, un hobby "hacer de adulto", del que se puede salir.

Los milennials quieren ser aplaudidos por asumir, a veces, las riendas de su vida.

Y, la verdad sea dicha, nadie piensa permanecer demasiado tiempo en ese estado vital. El adulting implica que hacerse adulto no forma parte natural del proceso de crecimiento, sino que es un estado opcional que te mantiene blindado a asumir las responsabilidades propias de a edad. La "biblia" de este simulacro de la vida adulta la escribió Kelly Williams Brown, una publicista de Portland (Obregón) que un día descubrió que la comida no salía de la nevera por generación espontánea y que el silencio y no responder al teléfono no eran maneras de acabar una relación.

Hijos bumerán

  • Y volver, volver volver... El 27% de los jóvenes emancipados de entre 25 y 30 años ha tenido que regresar al hogar familiar, en un 87% de los casos por razones económicas, según un estudio realizado hace tres años por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. Los mismos expertos consideran que esa tendencia al menos se ha mantenido desde entonces. En otro informe, este del Instituto Internacional de Estudios sobre la Familia, se concluye que un 88% de los españoles cree que los allegados son el principal colchón financiero y anímico frente a la crisis.
  • Padres, el colchón social. La casa y el sueldo de los padres se han convertido en el último recurso de los que ya se conoce como hijos bumerán, retornados a su pesar y a la espera de nuevas oportunidades para recuperar la independencia. Mientras tanto, deben afrontar una nueva relación familiar, es decir, una convivencia entre adultos con vínculos fuertes, pero también con criterios, prioridades y emociones muy distintas, lo que genera conclictos.
  • El factor mediterráneo. La edad media a la que los jóvenes europeos se emancipan se sitúa en los 26,1 años de edad. España es el octavo país en el que se van más tarde: a los 28,9 años. Los otros cuatro países cuyos jóvenes abandonan su casa a una edad superior a la de los españoles son Italia, Grecia, Bulgaria y Portugal.
  • ¿Las hijas crecen antes? Ellas se van de casa antes que ellos. Así, la media europea para los chicos es de 27,2 años, mientras que las chicas se emancipan con 25 años, 2,2 años más jóvenes de media que ellos. En el caso de España, los chicos permanecen en el hogar de sus padres hasta los 29,8 años de media, mientras que las chicas lo hacen hasta los 27,9.

Williams llamó a su libro How to become a grown up in 468 easy steps (Cómo convertirse en un adulto en 468 cómodos pasos). Casi 500 pasos para lograrlo. Tras hacer cientos de entrevistas a gente de su edad (27 años), el gran descubrimiento de la escritora fue que nadie se veía a sí mismo como un adulto. El libro fue un bestseller en EE.UU. y sus derechos ya se han vendido para hacer una serie de televisión.

Después de terminarlo, al menos sacó en claro una definición de adulto: "Descubrir las cosas que deben hacerse, hacerlas sin quejarse demasiado y sin ir de víctima. Además, ser decente con los demás y con uno mismo. Ya está".