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La metamorfosis del amor

La pareja es un largo viaje que pasa de la idealización del enamoramiento a las desilusiones. Para sostenerlo, es fundamental evolucionar juntos, ajustarse y acompañarse el uno al otro en las carencias y las dificultades.

Una pareja besándose.
Una pareja besándose. getty

Se acercaba el día de los enamorados y no sabía si regalarle algo. Si no lo hacía, sería una forma de comenzar a decirle que no le quería como antes. Aunque Laura se casó enamorada de su marido, ya que entonces le pareció un hombre sensible y cariñoso, ahora, después de cinco años, no lo soportaba, pues se había convertido en un ser celoso y controlador que la agobiaba y al que, a veces, quería dejar.

Quizá exageraba: tal vez antes no era tan maravilloso ni ahora tan insoportable. Había leído que, después de los primeros tiempos, casi todas las parejas tienen problemas, que el amor evoluciona y que lo difícil es pasar del enamoramiento al amor. Desde luego, sus sentimientos hacia él habían cambiado mucho, ahora se trataba de averiguar si seguía queriéndole o no. Decidió hacerle un regalo y dar a su relación una oportunidad. Tendrían que hablar de lo que les había pasado e intentar construir su amor de otra manera.

Construir o deconstruir

Mientras en el enamoramiento el otro es algo que nos hace sentirnos plenos, porque nos hacemos la ilusión de que nos completa, en el amor el otro es una persona de carne y hueso al que amamos en su totalidad, con virtudes y defectos. Es alguien al que no distorsionamos para que se adapte a lo que deseamos.

El amor es eso que se produce cuando dos personas se encuentran y están dispuestas a acompañarse y a aceptar los cambios que se producen en la vida. Al enamorarnos, nos vemos de otra manera. Al igual que al destinatario de nuestro amor lo vemos engrandecido de acuerdo con nuestros deseos, nosotras, al vernos reflejadas en él, también nos vemos mejoradas. Al principio del enamoramiento lo que domina es la exaltación de estar juntos y el deseo de realizar proyectos comunes. Luego, después de inevitables desilusiones, son necesarios reajustes. Redescubrimos al amado bajo una nueva realidad.

El enamorado se quiere así mismo en el otro y disfraza a su amante con sus deseos.

La manera de amar evoluciona. A lo largo de una unión, cada uno de los protagonistas cambia y atraviesan experiencias que los renuevan. Dice el psicoanalista Juan D. Nasio que una pareja sólida es el resultado de saber acompañar al otro en sus imprevisibles variaciones, como el bailarín que ajusta su paso al de su pareja para guardar el ritmo común.

El enamoramiento tiende a idealizar a la persona amada, cuya imagen moldeamos como un trozo de arcilla hasta que se adapta a nuestras necesidades afectivas. En realidad, es como si la disfrazáramos, como si le colocáramos un traje cuyos pliegues guardan más relación con nuestras insuficiencias emocionales que con las verdaderas posibilidades de aquel de quien nos enamoramos.

Qué nos pasa

  • Disfrazamos al amado como conviene a nuestra fantasía. Esta operación psicológica es la responsable de las decepciones que se producen cuando, después del primer tiempo, se empieza a descubrir en el otro lo que nuestra mirada infantil y exigente había suprimido.
  • Si nuestra autoestima es baja, podemos idealizar en exceso a la pareja para reparar las dificultades que tenemos en adecuar nuestro ideal a nuestra realidad y así, identificándonos con él, reparar nuestros fallos.
  • Si no se consigue aceptar a la pareja amada como es, no se puede sostener el amor que viene después de todo enamoramiento y la relación puede romperse.

Si luego, en la vida cotidiana, el amado no se acerca a esa imagen primera, la decepción está servida. Precisamente son los pequeños detalles de la vida diaria los que construyen el auténtico amor. No tener en cuenta al otro, no repartir los trabajos comunes, invadir y no respetar su espacio personal, son algunas de las actitudes que acaban con el amor.

El error más común consiste en creer que el amor viene dado y que no hay que hacer nada para mantenerlo. Lejos de eso, es una construcción que hay que alimentar y que requiere hacer ajustes cada cierto tiempo. Si no se hace de tanto en tanto una negociación, los detalles que no nos gustan se convertirán en una montaña difícil de escalar.

No se ama igual al principio de una relación que después de 10 años. A partir de su experiencia clínica con un gran número de parejas, Juan D. Nasio llega a la conclusión de que para que una relación amorosa sea duradera y satisfactoria es necesario que se dé lo que él llama la alternancia de roles: cuando un hombre se siente como un niño, debe poder mirar a su compañera como una madre sin sentirse inferior por ello. De manera recíproca, la mujer debe poder apoyarse en su compañero cuando se siente como una niña sin por ello sentir vergüenza.

Qué podemos hacer

  • Hay que evolucionar juntos. Los cambios crean tensiones. No es bueno acallar las incompatibilidades; conviene hablar antes de que los problemas impidan el entendimiento. Al superar un conflicto, la pareja se une.
  • Podemos compartir, pero no mezclar. Se tiende a la fusión, pero hay que defender el espacio personal para no confundirse con el otro.
  • Hay que reconocer la deuda. Todo amante tiene una deuda con la persona que ama. Si se puede reconocer lo que éste le da, podrá seguir amándole; pero si el amado está idealizado, aparecerá el odio.

Al igual que la salud mental tiene más que ver con poder amarnos con carencias, el amor tiene relación con no rechazar las carencias del otro. Es un sentimiento generoso y no pide al otro lo que no puede dar. Pero para que esto se produzca también tenemos que haber aceptado nuestras dificultades. Para pasar del enamoramiento al amor tenemos que aceptar que siempre nos faltará algo y que nuestro amado no tiene la misión de cubrir nuestra falta sino de acompañarnos con nuestras dificultades y las suyas. Siempre existe un cierto grado de idealización cuando amamos a otra persona, pero cuando esa idealización es excesiva puede llegar a hacer imposible la relación amorosa.

El enamorado se quiere a sí mismo en el otro. Disfraza a su amante con sus deseos y lo ve como quiere verlo y no como es. Su insatisfacción vital se calma porque tiene una ilusión de plenitud que alivia sus tensiones. Estar enamorado, más que un encuentro con el otro, es un reencuentro con uno mismo.

El amor es generoso y no permite la posesión del otro. Por eso es preciso haber alcanzado un desarrollo psicológico que permita no depender demasiado de la otra persona ni querer dominarle.

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