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Belén Rueda

actriz

El dolor no se olvida, pero aprendes a colocarlo en otro lugar

Belén Rueda nos habla de Menudos Corazones.
Belén Rueda nos habla de Menudos Corazones. alberto bernárdez.

Su nombre se asocia, de forma inmediata, al de la fundación menudos corazones, en la que la actriz está desde sus comienzos y en la que se apoyó para superar la pérdida de una de sus hijas.

Llevaba semanas intentando encontrarme con Belén Rueda (52). Al fin lo conseguimos. Nos recibe en casa, recién llegada de Uganda, donde acaba de rodar El cuaderno de Sara, nuevo proyecto de Mediaset, cadena a la que lleva ligada ya, 27 años. Y caigo en que esos son los años que hace que nos conocemos.

Corazón ¡Qué vertigo! ¿no?

Belén Rueda No tanto, todo depende de cómo le haya ido a uno y yo no puedo quejarme de nada. Donde sí se ve el paso de los años es en los hijos. Al principio, cuando nacen, dependen totalmente de ti. Luego, parece que se quieren ir. Después, vuelven al redil. Y, ahora, ya están en una edad en la que se van yendo de verdad. Eso sí da vértigo.

C. La vida se ha portado bien con usted y no sé si es por eso por lo que se vuelca con tantas causas solidarias.

B.R. Cuando se me llama para algo solidario, estoy ahí si sé que lo que esa ONG dice que hace lo hace. Para mí eso es muy importante, porque no solo prestas tu imagen, sino que también prestas tu tiempo. A mí me gusta involucrarme en todo aquello en lo que participo. Tampoco digo que sí a todo, pero creo que se están haciendo muchas cosas, fuera del gobierno que, por desgracia, son muy necesarias.

C. En 'El cuaderno de Sara', tiene mucho protagonismo el mundo de las ONG.

B.R. Realmente, la película es una historia de reencuentro de dos hermanas, una de ellas cirujana de una ONG, pero también es un recorrido por distintos lugares. Vas tocando diferentes problemáticas que existen y que seguirán existiendo, porque África es un continente que se expolia y al que no se ayuda. Ni se enseña a que sean ellos mismos quienes se autoabastezcan. Se cuenta la historia del coltán, de los grupos rebeldes, de cómo se relacionan con los gobiernos, de los niños soldados. La historia es el viaje de mi personaje, una mujer que nunca ha estado en África, que no le gusta, pero que poco a poco se va enamorando y empapando de lo que es: un lugar con una gente maravillosa.

C. Y Belén, ¿cómo se ha empapado de África?

B.R. He aprendido que aquí siempre estamos pensando en el futuro, muy a largo plazo. Para ellos el futuro es ya, por eso viven diariamente de una manera muy intensa porque no saben qué va a pasar mañana.

C. ¿Ha habido ocasión de visitar alguna ONG?

B.R. Hemos rodado en varias escuelas y en un orfanato con el que nos hemos involucrado todos. Allí se apadrinan niños y piensas que lo que más agradecen es la donación económica, pero en lo que insisten es en que, además del dinero, les escribas, que estés pendiente de ellos. Nos contaban el caso de un niño al que su madrina le había enviado un mensaje de voz, pero después, nada, solo dinero, ni cartas ni fotos… El niño cada cierto tiempo le decía a la directora: «Pónmelo otra vez». En cualquier caso, no hay que olvidar que el dinero es importante y les hace evolucionar, tienen una educación, todos hablan perfectamente inglés y sueñan con ir a la Universidad y tener profesiones como abogado o médico. Estudiar fuera, pero para volver a su país.

C. Dejando África, todos asociamos su nombre al de la Fundación Menudos corazones, de la que es presidenta de honor...

B.R. un punto muy especial, porque yo tuve, como sabes, una niña con una cardiopatía. La medicina ha avanzado mucho, no solo porque antes había cardiopatías que no eran curables. De hecho, a mi niña, nos dijeron que no podían operarla hasta los 6 meses y, sin embargo, ahora sí se podría. También ha cambiado el trato con los padres, porque un niño nace con esa enfermedad y, siendo tan pequeño, pasa mucho tiempo solo: en la UCI, en una incubadora. Pasas horas en los pasillos, solo tienes permiso para hacer dos visitas. Te hablo de hace 21 años. Esas horas de pasillo te permitían hablar con otros papás. Había uno, en concreto, con un niño mayor que la nuestra, que tenía una asociación en Madrid. Conocimos a otros que tenían una en Valencia, otros en Sevilla y entonces, otra mamá nos dijo: «¿Por qué no nos unimos todos?». Fuimos hablando con otras de diferentes puntos de España para hacer una asociación más grande y más fuerte.

En África, el futuro es ya. Por eso viven diariamente de una manera muy intensa"

C. Y así nació Menudos corazones.

B.R. Sí, la verdad es que estoy orgullosísima, porque se ha hecho una fundación muy importante. Incluso, fíjate, en qué momento estamos y hemos conseguido ayuda de la Comunidad Europea. Para eso, o eres serio o no recibes ni un duro.

C. Y se han hecho muchas cosas en todos estos años...

B.R. Lo primero, se ha apoyado a los médicos, que necesitan también salir fuera, investigar, para ofrecerte una mejora en la enfermedad. Además, hay una sede, con cuatro pisos de acogida, donde los papás que vienen de fuera pueden quedarse y convivir con otros padres que viven tu misma situación. Así, no tienes que empezar desde cero.

C. Y también decir que es una fundación muy activa. Se realizan muchas campañas. Este próximo fin de semana Menudos corazones organiza el encuentro para padres que han vivido la pérdida de un hijo. El lema: «Sentimos de forma única, compartimos en grupo». El duelo es algo individual, pero compartido puede resultar más soportable, ¿no?

B.R. Es muy importante. Y no solo en lo malo, también en lo bueno necesitas sentirte comprendido. Recuerdo que cuando nuestra hija engordaba 100 gramos era una fiesta en casa. Y eso, solo la gente que lo está pasando, lo entiende. También tienen una parte de ayuda psicológica, porque te juntas con papás que ya han pasado por ahí y se encuentran en una fase de superación, porque hay una frase que te repiten una y otra vez cuando sufres una pérdida: "El tiempo lo cura todo". Pero cuando estás atravesando ese momento, esa frase te suena a chino.

C. ¿El dolor acaba por superarse? ¿O, al menos, se aprende a convivir con él?

B.R. Se aprende a convivir con él. A mí muchas veces me preguntan si he conseguido superarlo y siempre digo que si superarlo es olvidarlo, no, pero aprendes a colocarlo en otro lugar.

C. ¿Cómo sería un día perfecto para usted?

B.R. Creo que los días perfectos, en general, vienen después de un día desastroso. En África hubo un día en el que todo se torció en el rodaje, nada salía bien, problemas de luz, de sonido, llegué al hotel con una fiebre tremenda y con todos los síntomas de la malaria. Me acosté pensando que había sido un día desastroso. Al día siguiente me levanté, no tenía fiebre, me encontraba bien y el rodaje de ese día fue maravilloso. Eso para mí es un día perfecto, por la sensación de crecerte ante la adversidad. A nivel personal me hacen feliz las cosas más sencillas. Mis hijas se hacen mayores y tienen sus planes y sus agendas. Cuando, de repente, coincidimos las tres y nos vamos de viaje, solas, eso me parece el paraíso.

C. Acaba de presentar 'Órbita 9' y está pendiente de estreno 'Efectos desconocidos', de Álex de la Iglesia. ¿Qué otros proyectos hay en el horizonte?

B.R. Uno de cine para septiembre en Barcelona y otro que me apetece mucho, porque se trata de un guion muy original para una película en Argentina, que se llama 'Insomne'. Allí iré en junio.

C. Las niñas entienden el trabajo y las ausencias de su madre, ¿verdad?

B.R. No creas. Recuerdo, por ejemplo, las temporadas de teatro con esos horarios opuestos a los escolares. Ahí tenía la sensación de no verlas.

C. Y ahora tampoco las ve.

B.R. Ahora no las veo porque ellas no quieren (risas). Pero sigo teniendo esa cosa de querer estar en casa cuando tienen exámenes, aunque no hago nada, porque son muy independientes, pero saber que estás ahí, apoyando, hace mucho.

C. Pues dicen que lo bueno se hace esperar y así ha sido. Me despido, no sin antes desearle a Belén Rueda que la vida siga regalándole muchos días perfectos.

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