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Somos tele

La reflexión de la presentadora.

Los que hacemos televisión a veces nos olvidamos de que esto es una profesión que une. Solo hacen falta encuentros como el FestVal de Vitoria para caer en la cuenta de ello. Son muchos, muchísimos los profesionales del mundo televisivo que se dan cita durante toda una semana para presentar sus novedades y, además, encontrarse con compañeros de otras cadenas y productoras. Generalistas, autonómicas, locales, públicas, privadas, emisiones por cable o Internet...

Los proyectos llegan a copar horas de distendidos encuentros, así como portadas y titulares. Estrellas de series televisivas acuden a la capital alavesa para apoyar sus nuevos proyectos. También las caras noveles de la pequeña pantalla disfrutan de sus primeros pasos en el mundo de la popularidad de manera agradecida. Todo fluye normalmente, pero insisto, a ratos se nos olvida que todos estamos en el mismo sector.

La competencia de audiencias, los formatos que pueden funcionar y los que no... Todo llena de inquietud a los directivos de cadenas y responsables de programación, así como a los productores que apuestan por fórmulas innovadoras, o no tanto, para dar en el clavo con lo que puede convencer al público. Nada es fácil. Es más, es un sector muy complicado en el que, no solo basta tener un formato original y rompedor, sino que además encaje con los deseos del espectador, no siempre generoso con su mando a distancia con el que sentencia o encumbra unos minutos determinantes. También hace falta una buena promoción de esa emisión, así como ‘cebar’ de manera inteligente las novedades, creando esa expectación tan necesaria para que nos sentemos delante del televisor.

Todo esto une mucho a los profesionales de este medio, que van adaptándose a las nuevas necesidades, sabiendo que no siempre lo que uno hace y en lo que uno cree tiene porqué tener éxito. Un mérito solo comparable al increíble mundo de la radio. Se crean contenidos, titulares, tramas, personajes y, sobre todo, nuevas formas de contar historias que entretengan, diviertan, divulguen. Hay quienes apuestan por formatos familiares, culturales, arriesgados o réplicas de otros países. Pero, lo que está claro, es que es una profesión muy poco valorada. Cine, teatro, danza, música... son artes mayores, sublimes, ante las que la tele se rinde. Pero no olvidemos que, esa caja pequeña, ahora en forma de plasma, tiene mucho oficio y creatividad. Es momento de estar orgullosos de ello, porque también es loable interpretar series, componer bandas sonoras para cabeceras, construir escenografías y decorados, así como comunicar ante las cámaras o escribir guiones y llegar a millones de hogares haciendo equipo. Documentales o concursos, todo es valioso en contenidos en un sector que intenta salir adelante aunando las fuerzas de nuevas generaciones con la experiencia de veteranos que tanto nos han enseñado en esta profesión.

La televisión está viva. Gracias a la entrega de profesionales de muchos ámbitos dispares. Economía, psicología, dibujantes de cómics o creativos de la publicidad. Nadie pregunta de dónde vienes. Solo debes entender la inmediatez de todo, saber hacer equipo y tener ganas de contar algo a tu manera. Ante la atenta mirada de audiómetros caprichosos y cifras que, en ocasiones, exigen rentabilidad, nadie regala nada bajo los focos de un plató. Atrás quedan épocas gloriosas de formatos descomunales y decorados faraónicos. Ya no se emiten, por ejemplo, galas musicales a las que las grandes estrellas acudían para promocionarse. Hoy, la tele vive una revolución a la que ha sabido adaptarse, midiéndose con una sociedad cambiante y hambrienta de inmediatez, sin perder un ápice de ilusión y nuevas tecnologías. Celebremos la tele, sin reparos y sin complejos, como medio divulgador necesario e importante. Porque, en muchas ocasiones, ha sido motor de transformación y eje de debate, bien a la carta o cuando estemos listos.

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