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"Mi hijo es un acosador"

Los primeros sorprendidos ante la agresividad de los niños son sus progenitores. ¿Cómo se puede detectar?

Víctima de Bulling
Víctima de Bulling Fotolia

Madrid

Todo empezó con una inesperada llamada de teléfono del tutor. Javier, de 11 años, había estado haciéndole la vida imposible a un compañero de clase y Amelia, divorciada al poco de nacer el niño de sus ojos, debía saberlo y tomar cartas en el asunto. El relato de sus bromas, insultos y empujones pilló por sorpresa a esta madre asturiana, totalmente superada por la situación. "Sabía que tenía carácter y que estaba acostumbrado a salirse con la suya, pero jamás se me pasó por la cabeza que mi hijo pudiera ser agresivo con un compañero. Fue un disgusto enorme, enorme. Y lo peor es que en aquel momento no sabía ni cómo encarar la situación con Javi ni a quién recurrir, porque en el colegio me vinieron a decir que era asunto mío".

Al final, las negativas del niño a reconocer su conducta condujeron a esta atribulada madre a la consulta de una psicóloga. "En cierto modo, fue una suerte que el niño se resistiera. Sin ayuda profesional no creo que hubiéramos podido superar la situación. Yo me vi incapaz".

"El acosador rechaza su propia vulnerabilidad y no acepta sus miedos".

El relato de Amelia no es habitual en el día a día del acoso escolar en España. Ella no tuvo problemas a la hora de reconocer que necesitaba ayuda y solicitarla. Los expertos destacan una y otra vez que por las consultas suelen pasar las víctimas del acoso, no los que lo llevan a cabo. Los padres se resisten a identificar a sus hijos como conflictivos, agresivos o directamente violentos, aunque está claro que por cada víctima que engorda las estadísticas hay, al menos, un agresor.

Según la Organización Mundial de la Salud, cerca de una cuarta parte de los niños españoles, unos dos millones, han sufrido o sufren acoso escolar. De ellos, entre un 5 y un 10%, sufren acoso de alta intensidad. José Antonio Luego, especialista en psicología educativa y experto en atención temprana e intervención en centros educativos problemáticos, cifra entre 13.000 y 14.000 los niños víctimas de bullying solo en la Comunidad de Madrid. Según la Confederación de Centros de Enseñanza, el 81% de los adolescentes españoles confiesa que está preocupado por este problema.

Tipos de agresión más frecuentes*:

  1. Llamarle por un mote.13,90%
  2. No hablarle.10,40%
  3. Reírse de él o ella si se equivoca.9,30%
  4. Insultarle.8,70%
  5. Acusarle de cosas que no ha dicho o hecho.7,50%
  6. Contar mentiras acerca de él o ella.6,30%
  7. Meterse con su forma de ser.6,00%
  8. Burlarse de su apariencia física.5,80%
  9. No dejarle jugar con el grupo.5,40%
  10. Hacer gestos de burla o desprecio.5,10%
  11. Chillarle o gritarle.5,00%
  12. Criticarle por todo lo que hace.4,40%
  13. Imitarle para burlarse.4,30%
  14. Odiarle sin razón.4,20%
  15. Cambiar el significado de lo que dice.4,00%
  16. Pegarle collejas, puñetazos, patadas.4,00%
  17. No dejarle hablar.3,90%
  18. Esconderle las cosas.3,90%
  19. Ponerle en ridículo ante los demás.3,90%
  20. Tenerle manía.3,70%
  21. Insultarle para hacerle llorar.3,52%
  22. Decir a otros que no le hablen ni sean amigos.3,60%
  23. Meterse con él o ella por su forma de hablar.3,30%
  24. Meterse con él o ella por ser diferente.3,20%
  25. Robar sus cosas.3,20%

*Fuente: Estudio Cisneros X Violencia y Acoso Escolar en España, 2007. Instituto de Innovación Educativa y Desarrollo Directivo.

Una realidad dura de aceptar

Los niños acosadores, los que infligen el daño, no salen en las estadísticas, probablemente porque se encuentran rodeados de varios círculos de silencio que les blindan. Sucede, en parte, como en la violencia de género: las víctimas son permanente sujeto de recomendaciones y estudios, mientras que los agresores se refugian en la relativa penumbra de la indiferencia social y familiar.

"Solo en una ocasión vinieron a la consulta, llorando, los padres de un niño porque le veían meterse con otros chicos en el autobús y por la calle, y luego el colegio se lo confirmó", recuerda Rosa Serrate, psicóloga y pedagoga, autora de 'Guía eficaz para prevenir el acoso escolar. Causas y soluciones' (Ediciones del Laberinto).

"En general, lo que hacen los padres es defender a sus hijos y negar las agresiones por activa y por pasiva. Los colegios también miran hacia otro lado. Con decir que no está ocurriendo, lo tienen todo hecho. Y el Ministerio de Educación o la Fiscalía de Menores, lo mismo. Ahora, debido a la muerte de Diego, el niño madrileño acosado, dicen que van a hacer algo, pero es que no se ha hecho nada desde el suicidio en Hondarribia (Guipúzcoa) de Jokin, hace ya 12 años".

Los padres suelen defender a sus hijos y negar las agresiones por activa y por pasiva

Los psicólogos y agentes expertos en intervención en casos de acoso escolar describen una y otra vez la misma estructura de silencio en torno a estos trágicos sucesos, una serie de círculos concéntricos mudos que no hacen más que proteger al violento y aislar al violentado. "No se trata solo del matón", dice Serrate.

Alrededor de este líder negativo suele haber tres o cuatro niños que le apoyan y le animan. Les rodea otro grupo, este de espectadores callados, donde están otros seis o siete niños, pero también adultos del centro: profesores, personal de secretaría o incluso de limpieza. Nadie dice nada".

Protocolo: de la alerta a la actuación*:

  1. Nivel verde [Prevención]: observa a tu hijo permanentemente. Fomenta un clima de confianza y comunicación. Habla cada día con él sobre su vida en el colegio. Refuerza día a día los límites y reglas, y asígnale tareas que impliquen responsabilidad y suban su autoestima. Enséñale a mostrar sus sentimientos sin temor, pero sin agresividad.
  2. Nivel naranja [Cortafuegos]: pide una tutoría para ver qué ha ocurrido con tu hijo. Asegúrate de que el episodio puntual de maltrato no se repita. Si es así, anímale a que lo cuente en casa y el cole. Hazle saber que tiene el respaldo total de la familia y la escuela.
  3. Nivel rojo [Actuación]: recopila toda la información: qué ocurre, desde cuándo, dónde y quiénes están implicados. En una primera reunión con el tutor o director, pide al centro escolar una investigación... y que proteja a la víctima. En una segunda reunión, recibe información sobre las medidas tomadas y las sanciones resueltas. Si la situación persiste, o el proceso no se sigue con la debida urgencia, denúncialo a la policía.

*Protocolo de la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar.

La ley del silencio

"A continuación, enmudece la dirección del centro escolar afirma Rosa Serrate-; y, seguidamente, la familia, cuando no se entera o no se quiere enterar. Estamos echando la culpa a dos o tres, pero los culpables somos todos. Somos una sociedad con miedo a enfrentarse a la realidad; como no sabemos qué hacer, la negamos. Cuando hay suicidios de por medio nos alarmamos mucho, pero luego volvemos a hacer como que no pasa nada. Y sí pasa. Hay muchísimos niños sufriendo".

Amelia no fue una madre negacionista con el problema de su hijo. "Cuando se me pasó el susto, me puse a pensar en qué había hecho mal y por qué. Creo que los padres tenemos que hacer ese análisis, pero por el camino es imposible no culpabilizarte", reconoce.

Sin embargo, no siempre el origen del problema es un mal ejemplo familiar o una casa donde los conflictos se resuelven agresivamente. "Hay quienes piensan que detrás de un alumno acosador hay una familia acosadora, pero no siempre es así. Te llevas sorpresas", explica Luis de la Herrán, psicólogo especializado en infancia. "Para que un niño se convierta en acosador se tienen que dar muchos factores, y aunque el estilo parental es uno de ellos no explica al 100% que un chaval sea agresivo con otro. La incapacidad para empatizar con los demás o cierto déficit de habilidades sociales son factores importantes", asegura.

Cómo reconocer al agresor:

  • No acepta las negativas y se enfada cuando no consigue lo que quiere. Tiene muy baja tolerancia a la frustración. Trata de imponer siempre su voluntad y de satisfacer sus deseos.
  • Habla de sus compañeros despectivamente, mostrándose siempre superior, y se mete en peleas con cierta asiduidad.
  • No asume las normas de la casa ni se responsabiliza de sus actos. No pide perdón. Manipula y miente para salirse con la suya.
  • Es aparentemente frío: no muestra vulnerabilidad, miedo, inseguridad ni tristeza.
  • Aparece en casa con objetos que no le has comprado, incluso muy nuevos. A veces dice que se los han regalado.
  • Escúchale si se aviene a relatar sus actos, pero desaprueba su conducta.
  • Colabora con el colegio para que haga frente a los castigos que se le impongan. Enséñale cómo reparar los daños.
  • Haz examen de conciencia y analiza el modelo de gestión emocional que ve en casa. Destierra la agresividad del espacio familiar.
  • Recurre a un profesional especializado si se cierra o si su conducta es recurrente.

Educar en casa

Un aspecto que comentan casi todos los psicólogos es el de los límites. "Solo poniéndoles reglas y logrando que las respeten se acostumbrarán a la frustración, aprenderán a vivir con malestar y no tendrán que liberarlo mediante dolor infligido a otros explica Serrate. Si los padres educan a sus niños pequeños, de tres o cuatro años, de manera que han de mostrar enfado continuamente para conseguir cosas, o si son complacientes con todas sus demandas, están facilitando que, cuando lleguen a los 11 o 12 años, sean más agresivos con los demás", explica Herrán.

Rosa Serrate recuerda especialmente el caso de un niño acosador que llegó a la consulta con un cuadro de bajísima autoestima: las amenazas y los golpes eran la única vía de reconocimiento entre sus iguales que pudo alcanzar. En la literatura científica abundan los niños que, tras ser víctimas de bullying, se convierten en agresores como mecanismo de defensa.

"No hay un perfil único -explica Beatriz Cazurro-, psicóloga infantil, experta en psicoterapia con niños. Algunos actúan desde la popularidad y las habilidades sociales y otros desde la impulsividad, pero todos suelen tener en común que toleran mal la frustración, no muestran empatía por los demás y buscan sentirse bien poniéndose en una posición de superioridad".

Toleran mal la frustración, mo muestran empatía con los demás y buscan sentirse bien en una posición de superioridad

"A un nivel más profundo, rechazan su propia vulnerabilidad y tienen dificultad para aceptar sentimientos de miedo, tristeza o soledad. No es raro encontrarse con chicos que han sufrido maltrato que se acaban convirtiendo en acosadores. Son víctimas, pero también responsables de todo lo que hacen. Comprender de dónde vienen los comportamientos no es lo mismo que justificarlos. Aunque en la mayoría de los casos el abuso no es más que un mecanismo de defensa ante una bajísima autoestima o un miedo tremendo, tenemos que tener claro que la mejor forma de ayudarles no es victimizarles ni pasarles por alto comportamientos agresivos", concluye.

Cómo reconocer a una víctima:

  • De repente, no quiere ir a clase, suspende, hace novillos o prefiere no acudir a las extraescolares. Quizá tiene pesadillas.
  • Se muestra estresado, desconfiado, irritable, triste, nervioso, sobre todo los domingos. Llora sin motivo.
  • Aunque no está enfermo, sufre dolor de cabeza, mareos, vómitos, temblores, sensación de asfixia, falta de apetito y alteraciones del sueño. Incluso se hace pis.
  • Pide más dinero de lo habitual. Tiene hambre aunque haya llevado merienda al cole. Aparece con la ropa rota. Le falta algún objeto (estuche, cartera, teléfono...) y dice que lo ha perdido.
  • Escúchale sin culpabilizarle. Si el miedo es grande o el relato escaso, pide ayuda a un psicólogo para que le ayude a expresar y a procesar el conflicto.
  • Ponte en contacto con el centro para asegurarte de que su tutor, el jefe de estudios y el director del colegio le protegen.
  • Si el acoso sigue, contacta con un abogado y reclama al sistema educativo.

La rabia es la otra cara de la tristeza

Carmen Cabestany, secretaria de la Asociación Nace (No al Acoso Escolar), describe un amplio abanico de perfiles que van desde el que dice que todo es una broma hasta el psicópata al que le gusta hacer daño; pero también se refiere al "niño dañado, que lleva mucha rabia dentro y no la sabe gestionar. La rabia es la otra cara de la tristeza, y hay que sentarse con ese niño, abrazarlo y ayudarle a sacarla".

¿Qué deben hacer los padres? La doctora Beatriz Cazurro nos da la respuesta: "Debe mostrar desaprobación por los actos de su hijo y a la vez transmitir su preocupación por él. Además, puede estar en contacto con el centro educativo para informarse sobre la evolución de su hijo y plantearse si hay algo que pueda hacer en casa para que no recurra al papel de acosador para sentirse seguro y aceptado".

Kiva, El secreto finlandés contra el bullying

Su éxito es tan grande que ya lo han adoptado escuelas de Italia, Holanda, Reino Unido o EE.UU. Este exitoso método incluye 10 sesiones al año y una vigilancia muy estricta por parte de los profesores y los tutores kiva. No se tolera ni un adjetivo como "tonto" de un alumno a otro, y cada problema se resuelve, si es posible, en clase. Si trasciende, el enfoque es siempre grupal: el acosador y sus acólitos se enfrentan a todo el sistema, que respalda a la víctima.

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