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Los niños y el duelo: cómo ayudarles con la pérdida de un ser querido

Vivimos en una sociedad en la que la muerte es un tabú y explicar la muerte de un ser querido a un niño no es tarea fácil.

Un niño, llorando en la pared.
Un niño, llorando en la pared. getty

Vivimos en una sociedad en la que la muerte se ha convertido en una cuestión tabú. Sin embargo, es inevitable que los niños vivan de cerca alguna pérdida en un momento u otro. De ahí que una actitud realista ante la muerte y adaptar las explicaciones a la edad de cada niño.

Esto quiere decir que la corriente de alejar al niño del sufrimiento, ocultar el fallecimiento o utilizar expresiones como ‘se ha ido’ o ‘está en un lugar mejor’, sólo pueden aportar confusión y desconcierto en el menor que verá cómo esa persona fallecida no regresa a su vida, llevándole a preguntarse por qué se fue y por qué no regresa.

Lo mejor es dejar clara la idea principal del no retorno. La muerte es una desaparición para siempre, la persona fallecida no va a volver y esa idea debe quedar clara para el menor. Siempre que sea posible es ideal avisar al niño y prepararlo para lo que acontecerá en breve.

También es muy importante adaptar el lenguaje a cada edad y explicar la realidad de lo sucedido en la medida que la familia considere adecuado y hacerlo lo antes posible. Para transmitir el mensaje, lo mejor es recurrir a la persona más cercana, con la que el niño se sienta más cómodo y hacerlo en un lugar íntimo, donde el pequeño se sienta libre de expresar sus sentimiento a bocajarro sin pensar en que lo pueden estar mirando o juzgando.

Se trata de aceptar su reacción con serenidad y permitirle hacer las preguntas que considere oportunas, dándole siempre una respuesta respetuosa. También es interesante ofrecerle participar en los rituales de despedida. Para ello lo mejor es explicarle con anterioridad lo que va a ver allí y qué va a suceder de modo se prepare, así como acompañarle en todo momento y que pueda decidir si quiere dejar de participar.

El duelo es necesario y los niños deben también pasarlo para poder superar la pérdida de un ser querido por lo que intentar evitárselo no le ayudará a entenderlo y a aceptarlo. En ese proceso hay que aceptar con normalidad que se muestren tristes, irritados e incluso, que tengan regresiones en su comportamiento. Sólo si esos comportamientos se alargan en el tiempo habrá que recurrir a profesionales que le ayuden.

La muerte a cada edad

A los dos años el niño percibe la pérdida y sufre la separación de la persona desaparecida. Sin embargo, no comprende el significado de la muerte en sí misma. Se trata de un concepto abstracto que no consigue entender más allá de la falta o la separación.

Entre los cuatro y los seis años, los niños empiezan a comprender la muerte, si bien lo hacen de forma limitada ya que su pensamiento mágico les hace esperar que una persona fallecida pueda volver a la vida. De ahí que necesiten repetidas explicaciones.

A partir de los seis años y hasta los nueve, los niños distinguen la realidad de la fantasía y pueden comprender la muerte y sus consecuencias. A partir de esas edades comienzan a aparecer sentimientos de culpa ante la pérdida de los seres queridos por lo que hay que dejar siempre claro que no tienen nada que ver con el fallecimiento.

A partir de los nueve años los niños ya comprenden el significado de la muerte y ya no necesitan de explicaciones adaptadas.

En cualquier caso, mantener las rutinas del menor siempre le ayudará a sobrellevar la situación y permitirle expresarse y mostrar su tristeza harán que lo viva de manera más natural.


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