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La teoría del rendimiento en realities llega a Supervivientes

Se empieza a convertir en una cantinela recurrente en todos los patios de Telecinco...

Bigote Arrocet, en una imagen de archivo.
Bigote Arrocet, en una imagen de archivo. GTRES

Comentaristas y concursantes censuran a compañeros con el argumento de que trabajan poco o mal durante su participación en los 'realities'. El asunto salió a colación en Gran Hermano y vuelve ahora a relucir a propósito de “Supervivientes”. A la cadena ya no le basta con que los seleccionados para sus formatos de vida en directo sean ellos mismos, sino que deben “dar espectáculo”: montar teatrillos, enzarzarse en broncas, sonsacarle información a los demás... En suma, ser Leticia Sabater.

El líder espiritual de esta línea crítica no es otro que Kiko Hernández, quien desde “Sálvame” dictamina quién cobra demasiado para lo que hace o quién no. Pide, por ejemplo, la expulsión inmediata de Edmundo Bigote Arrocet, por estar este prácticamente desaparecido de la cámara. Lo que a muchos nos parece una estrategia brillante y una actitud de lo más punki y refrescante (negarse a dar juego), él lo asume como una herida mortal al formato y su cadena. Puede que sea así, pero clamar por el rendimiento de la manera tan burda que él practica tampoco le hace mucho favor al programa. No queremos saber de los guiones previos en 'realities' que se suponen “la vida misma”.

En la isla, el novio de Gloria Camila, Kiko, ha secundado esta campaña de Kiko Hernández en pro de la rentabilidad, reforzando la evidencia de que el el asunto de “dar juego” está en todo momento en la lista de objetivos de los concursantes. El novio celoso recrimina a sus compañeros que se limiten a explotar las habilidades de Jose Luis, cocinero y pescador, mientras ellos sestean, convirtiéndose así en la voz del programa en la isla. Dice que votará no ya a los que armen follón, sino a los invisibles. ¿De verdad tiene este enfoque sentido? Al final, lo que terminaremos viendo será una pérdida total de pie en la realidad para montar el mayor follón posible, un ambiente de guerra artificial que termina siendo cansino e increíble.


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