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Durmiendo con el enemigo en Supervivientes

En esta edición del 'reality' son ellas las que hablan claro y ellos los que traman.

Sandra Barneda, presentadora de los domingos de Supervivientes 2017.
Sandra Barneda, presentadora de los domingos de Supervivientes 2017. gtres

No es posible la confianza ciega en Supervivientes 2017, más bien al contrario: bajo la apariencia del compañerismo se guarece la conspiración. Ni siquiera Laura Matamoros y Alejandro, ese corazón tan blanco en opinión de su gran amiga, se salvan de acusaciones de doble juego. Iván contó al grupo que Alejandro había dicho que no se fiaba de Laura, y esta tomó buena nota. Alba también está tratando de saber quién quiere nominarla a sus espaldas, pero ni Iván ni Juan Miguel ni José Luis, por ahora en barbecho debido a un cólico nefrítico, dan un nombre. En esta edición del 'reality' son ellas las que hablan claro y ellos los que traman.

Ayer no pudo despejarse la duda sobre la continuidad de José Luis, el cocinero de Albacete, en el programa: las pruebas médicas determinarán hoy si debe abandonar o no. Sus compañeras Laura y Alba opinan que fueron los nervios de la última gala los que desataron el insoportable dolor: en la versión de la rubia exmodelo, Matamoros le puso entre la espada y la pared con sus acusaciones de manipulador, mentiroso y sinvergüenza, y este no habría podido soportarlas. En todo caso, todos los habitantes de la isla se han manifestado ya acerca de la utilidad de José Luis en su día a día y han coincidido en señalar que no le necesitan para nada.

Por lo demás, Sandra Barneda volvió a hacer llorar a Edmundo Arrocet, una maniobra pornosentimental muy del agrado de Telecinco. El pobre hombre debe estar hasta las narices de que le toquen todo el rato la tecla sensible. Ayer fue a costa del cumpleaños de María Teresa Campos, de cuya fecha se olvidó completamente y por lo que pidió perdón de todas las formas posibles. Barneda no se privó de nada: resaltó su “enorme fragilidad” y le amenazó con abrazarle a su vuelta a España. Lo que le espera al pobre “Bigote”.


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