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¿Por qué llamas papá a tu pareja?

Cuando, en la familia, los nombres propios se sustituyen por papá y mamá tras la llegada de los niños, ¿dónde se coloca al otro?

Pareja pasando el tiempo con su hijo
Pareja pasando el tiempo con su hijo Fotolia

Los encuentros amorosos en la edad adulta son, en parte, reencuentros con los misteriosos lazos que nos unen a nuestros primeros objetos de amor: la madre, el padre y los hermanos. Si todo fue bien, el afecto y la ternura quedaron enlazados a estos vínculos. Y con ellos, sin saberlo, aprendimos a querer a los otros.

Con las caricias, las miradas, las palabras y las atenciones de que fuimos objeto, o quizá dejamos de serlo, organizamos una red de apetencias y deseos que nos hacen elegir a este, y no a aquel, por semejanza u oposición a modelos internos que tienen mucha influencia en nuestra vida afectiva.

Para poder madurar, hay que renunciar a estos primeros amores y asumir que no pueden darnos todo lo que deseamos, ya que nuestros padres no son solo para nosotros. Después, hijos e hijas dirigirán su amor hacia el exterior, fuera ya de la familia, a otros que sustituirán a aquellos que tuvieron que abandonar.

La posición como amante y pareja se resiente al usar esta infantilización

Pero en ocasiones, estas huellas se pueden escuchar en la forma de llamar a nuestra pareja. Eso es lo que les sucede a Ana y a Ramón. Han ido a un parque infantil con otros padres del colegio de sus hijos, entre los que también está su amiga Esther. Los hijos de todos juegan juntos y acaban de salir de un cumpleaños. Entonces, Ana dice dirigiéndose a su pareja: "¿Papá, podrías decirle a los niños que nos vamos en poco tiempo para que se vayan haciendo a la idea?". "Sí, mamá, voy a avisarles", le contesta Ramón.

A su amiga Esther le llama mucho la atención los apelativos que utilizan Ana y Ramón para dirigirse el uno al otro. Era una costumbre que ya había escuchado en otras parejas, pero le seguía pareciendo raro. Se sentía incómoda y no sabía por qué. Esther, después de reflexionar sobre el tema, le preguntó a su amiga si no le parecía un poco confuso llamar a su pareja "papá".

Ana le contestó que a ella le parecía cariñoso y que solo lo empleaban dentro de la familia, cuando se referían a sus hijos. Lo empezaron a emplear cuando nació el primero de ellos, para enseñarle a decir papá y mamá. Desde entonces, ya siempre se llamaban así.

Evitar errores:

  • Nombrar a la pareja como "mamá" o "papá" puede señalar que hay dificultades para desarrollar la función materna y paterna.
  • Es posible que se privilegie a la madre o al padre antes que a la pareja si no se ha resuelto la ambivalencia afectiva hacia los progenitores. O se puede estar pidiendo al otro que nos proteja de un desamparo infantil que aparece solo al tener hijos.

Los lugares importan

Esther comprendió más tarde qué era lo que le sucedía ante esa forma de relación. Esa forma de denominarse le parecía que era darle a su amiga únicamente el lugar de madre en detrimento de su lugar de mujer y amante de su pareja. Como si perdiera su nombre para ser siempre, y únicamente, "mamá".

Por otra parte, le parecía que llamar a su pareja "papá" era un modo de infantilizarse, como si su posición desapareciera a favor de su posición de hija-niña. Menos mal que solo se llamaban así cuando estaban delante de los niños, porque le parecería todavía mas inquietante que lo hicieran cuando estaban solos.

Ana tenía motivos psicológicos para sentirse bien llamando "papá" a su pareja. Perdió, siendo una adolescente, a su padre, al que había estado muy unida. De alguna forma, nombrar la palabra papá, la evocaba un lugar junto a él que nunca quiso perder. Por su parte, Ramón nunca tuvo manifestaciones de cariño con su padre.

Todos tenemos que resolver los vínculos de nuestra infancia.

La palabra con la que denominamos a nuestra pareja la coloca en el lugar que deseamos que tenga. Si se le nombra como "papá", se la acerca a aquel lugar que ocupó el padre, el primer hombre al que quisimos. Al nombrarle así, la mujer se coloca como una hija más, algo que produce confusión. Si ella tiene el mismo lugar que sus hijos, ¿dónde está la madre?

El hombre que llama a su pareja "mamá" estaría evocando la relación con su madre y, en alguna medida, acercando el recuerdo de ella a su pareja. Quizá demandando que tenga una función de maternaje con él. Puede también esconder una protesta sobre haber perdido el lugar "exclusivo" que suponía tener con su pareja antes de la llegada de los hijos.

Un hombre podría sentirse excluido de la relación que mantiene su mujer con el hijo de ambos y competir con él, reclamándole el lugar de madre para sí mismo. Una mujer puede sentirse desbordada y nombrar a su pareja "papá" para pedirle ayuda. Cuando a ambos les gusta colocarse en un lugar infantil, puede ser porque, de este modo, estén intentando resolver lo que les sucede.

Cada pareja tiene su prehistoria afectiva. Todos los humanos tenemos que resolver los vínculos afectivos que tuvimos en la infancia con nuestros padres.

Qué podemos hacer:

  • Si el "papá" pierde su nombre y la "mamá" el suyo, convendría reflexionar sobre cómo se ha elaborado la relación con los padres.
  • En la paternidad y la maternidad se juega la identificación con los propios padres en lo que menos nos gusta.
  • Cuando reflexionamos sobre cómo nos dirigimos a la pareja, estamos reflexionando sobre nosotros mismos y sobre lo que queremos compartir juntos.