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MBFWM primavera-verano 2017: los juegos ópticos de Dolores Cortés

La diseñadora se inspira en el arte cinético y el 'pop art' para presentar una colección en la que nada es lo que parece.

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Desfile de Dolores Cortés Gtres

El movimiento, los trampantojos, las estructuras arquitectónicas, la geometría simple, el volumen a través de las luces y las sombras, las aplicaciones metálicas... Dolores Cortés nos propone un verano en el que nada es lo que parece, retomando el testigo de la estética que dio lugar a las corrientes vanguardistas del Arte Cinético y el Op-Art.

Con el reflejo de la pasarela y las sandalias plateadas de las modelos, la firma de ropa de baño recupera las formas de otra época, y apuesta por el contraste blanco y negro, por una paleta de tonos pastel vivos y por retículas caladas y estructuras metálicas para un verano en el que el movimiento es el protagonista.

"Nuestro objetivo era crear movimiento simulado, pero que pareciera una tridimensional real, combinando formas para conseguir mostrar cómo funciona el ojo humano", nos cuenta la diseñadora.

El resultado ha sido una colección retro-futurista, "arquitectónica, que no busca ser sinuosa o sexy, aunque termina siéndolo" -relata Dolores Cortés-, con un sofisticado aire galáctico, con tintes años '70, con acolchados, relieves, cuidados bordados en 'crystal rock' de Swarovski, vestidos elaborados en plástico ("algo que fue muy moderno en su día"), con metalizados que crean efecto de vibración y con una espectacular Ana Beatriz Barros como estrella del desfile que ha inaugurado esta segunda jornada de MBFWM.